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La guerra en Irán impulsa el precio del combustible y genera presión inflacionaria en Argentina
La escalada del conflicto en Medio Oriente, con epicentro en Irán y el impacto sobre rutas clave como el estrecho de Ormuz, ya comenzó a sentirse en Argentina con subas en los combustibles y creciente preocupación económica. El precio internacional del petróleo superó los 100 dólares por barril y llegó a rozar los 119 dólares en los últimos días, impulsado por ataques a infraestructuras energéticas y restricciones en el suministro global.
En el mercado local, distintos relevamientos de medios argentinos señalan que los combustibles ya registraron aumentos de entre el 8% y el 9% desde el inicio del conflicto a fines de febrero, con ajustes recientes que siguen trasladándose a los surtidores. Además, algunas estimaciones advierten subas adicionales en marzo que superan el 12%, consolidando una tendencia alcista impulsada por el encarecimiento del crudo a nivel internacional.
El principal efecto inmediato es inflacionario. El aumento del combustible impacta directamente en los costos logísticos —clave en un país donde la distribución depende en gran medida del transporte terrestre— y termina trasladándose a precios de alimentos, bienes de consumo y servicios. Analistas advierten que este fenómeno podría complicar los objetivos de desaceleración inflacionaria en los próximos meses, en un contexto económico ya sensible.
Sin embargo, el escenario no es completamente negativo. Algunos economistas destacan que el alza del petróleo también podría beneficiar a Argentina a través de mayores exportaciones energéticas y un incremento en el ingreso de divisas, especialmente con el crecimiento de la producción en Vaca Muerta. De este modo, la crisis global abre un escenario dual: presión interna sobre precios e inflación, pero también oportunidades externas en el frente energético si los valores internacionales se sostienen en el tiempo.