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Deportes

Messi dijo adiós a la Selección Argentina: una noche eterna, entre lágrimas, goles y el abrazo de todo un país

  • Messi dijo adiós a la Selección Argentina una noche eterna, entre lágrimas, goles y el abrazo de todo un país.
    Messi dijo adiós a la Selección Argentina una noche eterna, entre lágrimas, goles y el abrazo de todo un país.

Lionel Messi cerró su historia con la camiseta argentina con una victoria 3-0 ante Benín, un gol, dos asistencias y una despedida que quedará para siempre en la memoria. Más de 85.000 personas colmaron el Monumental para acompañar al capitán en el último capítulo de una historia de 21 años, marcada por títulos, frustraciones, lágrimas, revancha y la conquista del sueño máximo: ser campeón del mundo.

Hay noches que no terminan cuando el árbitro marca el final. Hay noches que quedan suspendidas en la memoria de un país para siempre.

La del 6 de octubre de 2026 fue una de ellas.

Lionel Messi jugó su último partido con la Selección Argentina. Y el destino quiso que su despedida fuera en el lugar donde tantas veces hizo feliz a millones: el Estadio Monumental. Allí, frente a más de 85.000 personas, con su familia en las tribunas, con sus compañeros alrededor y con una camiseta celeste y blanca que llevó durante más de dos décadas, el capitán cerró una historia que comenzó cuando apenas era un adolescente y que terminó convirtiéndolo en una de las figuras más grandes de la historia del fútbol.

Argentina venció 3-0 a Benín. Pero el resultado, esta vez, fue casi un detalle.

Porque la verdadera celebración estaba en las tribunas.

Estaba en cada camiseta con el número 10. En cada bandera. En cada lágrima. En cada abrazo. En cada niño que miraba a Messi como alguna vez millones miraron a sus propios ídolos. Y estaba, sobre todo, en ese sentimiento colectivo de saber que se estaba viendo algo que jamás volverá a repetirse.

El último partido, pero también el último sueño

Messi salió al campo acompañado por sus hijos Thiago, Mateo y Ciro. La escena fue suficiente para que el Monumental se estremeciera.

El público había llegado desde muchas horas antes. Las inmediaciones del estadio se transformaron en una gigantesca fiesta celeste y blanca y, cuando el capitán apareció para el calentamiento, el ruido fue ensordecedor.

"Leo, Leo", "Dale campeón" y "el que no salta es un inglés" fueron algunos de los cánticos que bajaron desde las tribunas.

La despedida ya había comenzado mucho antes del primer toque de pelota.

Durante la previa hubo música, homenajes y una atmósfera de celebración que mezclaba alegría y nostalgia. La presencia de la familia de Messi, de históricos compañeros y de campeones del mundo de distintas generaciones reforzó todavía más la sensación de que aquella no era una noche cualquiera.

Era el último baile.

El último partido.

La última vez que Messi se pondría oficialmente la camiseta argentina ante su gente.

Y todos lo sabían.

Una noche a la medida de Messi

El partido comenzó con Argentina buscando imponer condiciones, aunque Benín ofreció resistencia y consiguió complicar durante buena parte de la primera mitad.

Messi tuvo oportunidades para marcar. Buscó el gol desde media distancia, intentó una definición olímpica y participó prácticamente de todas las acciones ofensivas más peligrosas.

El gol, sin embargo, se hizo esperar.

Quizás era necesario que así fuera.

Porque la noche todavía tenía demasiadas emociones guardadas.

En el segundo tiempo apareció el Messi que tantas veces resolvió los partidos importantes de Argentina.

Primero llegó su asistencia para Nicolás Otamendi. Desde el córner, el capitán puso la pelota donde tenía que ponerla y el defensor apareció para marcar el 1-0.

El festejo fue inmediato.

Los jugadores rodearon a Messi y el Monumental volvió a rugir.

Otamendi, además, estaba viviendo su propia despedida de la Selección. Dos referentes de una generación histórica compartían los últimos minutos de una aventura que comenzó con críticas, atravesó momentos extremadamente difíciles y terminó levantando los trofeos que durante décadas parecían imposibles.

Pero todavía faltaba otro capítulo.

Messi y Nico Paz: una imagen que parece un traspaso de mando

A los pocos minutos apareció una de las imágenes más simbólicas de la noche.

Messi asistió a Nicolás Paz, uno de los jóvenes llamados a ocupar un lugar central en el futuro de la Selección, y el mediocampista respondió con un espectacular zurdazo desde afuera del área.

Golazo.

2-0.

Y abrazo con Messi.

La escena pareció mucho más que una celebración.

El histórico número 10 le entregaba la pelota a uno de los jóvenes que deberá tomar la responsabilidad de construir la próxima etapa de la Selección. La asistencia de Messi y la definición de Paz terminaron formando una postal perfecta: el presente despidiéndose mientras el futuro comenzaba a ocupar su lugar.

Paz, que había ingresado apenas unos minutos antes, no dudó en buscar a Messi para festejar.

El abrazo entre ambos fue uno de los momentos más significativos de la noche.

Era como si una generación le dijera adiós a otra.

Y entonces llegó el gol que todos estaban esperando

El Monumental quería una última celebración.

Quería el último gol de Messi con Argentina.

Y llegó.

Una infracción sobre Agustín Giay dentro del área terminó en penal. La pelota quedó en el punto de ejecución y todas las miradas fueron hacia el mismo lugar.

Messi tomó la pelota.

El estadio quedó suspendido durante unos segundos.

El capitán ejecutó con su zurda y la colocó arriba, imposible para el arquero.

Gol de Messi.

El número 126 de su carrera con la Selección.

El último.

La celebración fue distinta a tantas otras. Sus compañeros corrieron para abrazarlo. En las tribunas, miles de personas saltaron, gritaron y lloraron.

En el palco, su familia también festejó.

Celia, Antonela y sus hijos fueron testigos de una escena que quedará guardada para siempre.

Messi había marcado el último gol de su historia con la camiseta argentina.

Argentina ganaba 3-0.

Pero nadie quería que terminara.

208 partidos, 126 goles y una historia imposible de repetir

Con su última presentación, Messi cerró 21 años de carrera internacional con cifras extraordinarias.

Fueron 208 partidos con la Selección Argentina, récord absoluto de presencias, y 126 goles, también la máxima marca histórica.

A esos números se suman 69 asistencias, una estadística que refleja hasta qué punto Messi fue determinante no solamente como goleador sino también como generador de juego.

Fue campeón del mundo en 2022, campeón de la Copa América, ganador de títulos juveniles con Argentina y protagonista de una generación que logró cortar una sequía de 28 años sin títulos importantes.

Pero su historia con la Selección no puede explicarse solamente con estadísticas.

Porque Messi también fue la derrota.

Fue la crítica.

Fue la frustración.

Fue aquella imagen del jugador sentado en el césped después de perder una final.

Fue el anuncio de su retiro que después revirtió.

Fue el regreso.

Fue la Copa América.

Fue el Mundial.

Fue la gloria.

Y fue, finalmente, la posibilidad de despedirse en casa, rodeado de la gente que durante años lo acompañó en cada capítulo de esa historia.

"Fue un orgullo muy grande defender esta camiseta"

Después del partido llegó el momento más difícil.

Messi tomó el micrófono en el centro del campo.

Detrás de él estaban sus compañeros. Cerca, su familia.

En las tribunas, más de 85.000 personas esperaban sus palabras.

El capitán habló con la voz quebrada y reconoció que dejar de vestir la camiseta argentina será un dolor enorme.

"Fue un orgullo muy grande defender esta camiseta", expresó Messi, dejando en claro que jugar para Argentina fue siempre uno de los mayores privilegios de su carrera.

"Jugar en la selección argentina es lo más lindo que te puede pasar", dijo.

Y después llegó una de las frases que definió la noche:

"No venir más va a ser un dolor muy grande."

No fue solamente una despedida deportiva.

Fue la confesión de un hombre que durante más de veinte años encontró en la Selección una parte fundamental de su identidad.

Messi reconoció que le gustaría seguir jugando para Argentina toda la vida, pero explicó que después de todo lo vivido en el último Mundial sintió que había llegado el momento.

El recuerdo de Jorge Messi

En uno de los momentos más personales de su discurso, Messi recordó a su padre, Jorge Messi, fallecido poco después del Mundial 2026.

La referencia convirtió la despedida en algo todavía más íntimo.

Jorge estuvo presente durante toda la construcción de la carrera de Lionel. Desde los primeros pasos del niño que soñaba con jugar al fútbol hasta convertirse en el padre del futbolista que conquistó prácticamente todo.

La noche del Monumental también tuvo, de alguna manera, un recuerdo para él.

Messi habló de su familia, de sus compañeros y de todas las personas que lo acompañaron durante el camino.

Y cuando las lágrimas comenzaron a aparecer, el estadio respondió con una ovación interminable.

El Mundial que quedó tan cerca

El recuerdo de la Copa del Mundo 2026 también estuvo presente.

Argentina llegó a la final con el sueño de volver a levantar el trofeo. No pudo ser.

Messi fue claro al referirse a aquella derrota y rechazó cualquier teoría sobre situaciones extrañas alrededor de la final.

Explicó que el equipo llegó condicionado por el enorme desgaste físico y emocional de la semifinal ante Inglaterra y aseguró que todos sus compañeros dejaron todo por la camiseta.

"El último Mundial fue demasiado todo lo que me tocó vivir", reconoció.

Argentina estuvo cerca de repetir la hazaña.

No pudo hacerlo.

Pero para Messi, ese Mundial también marcó el momento de entender que la historia con la Selección estaba llegando a su final.

"Estoy orgulloso de ser argentino"

Las palabras finales fueron quizás las más sencillas y, por eso mismo, las más poderosas.

Messi habló de su orgullo por ser argentino y agradeció a todos aquellos que lo acompañaron durante tantos años.

También pidió que la gente apoye a la nueva generación.

Porque la Selección continuará.

Habrá nuevos nombres.

Nuevos partidos.

Nuevos sueños.

Nuevas derrotas y nuevas victorias.

Pero ya no estará él.

El capitán pidió unidad y recordó que cuando Argentina se mantiene unida es capaz de superar cualquier obstáculo.

También pidió que el público acompañe a los jóvenes que vienen.

Y después, mirando a las tribunas, dijo:

"Estoy orgulloso de ser argentino y haber cumplido el sueño con todos ustedes. Los quiero."

La respuesta fue inmediata.

El Monumental se convirtió en un enorme abrazo.

Una despedida con música, drones y lágrimas

Cuando parecía que ya no podía haber más emoción, el cielo de Núñez se iluminó.

Un espectáculo de drones formó imágenes vinculadas con Messi y con su historia en la Selección.

Luego apareció Soledad Pastorutti para interpretar "Brindis", una canción especialmente asociada a momentos importantes de la historia del fútbol argentino.

La música, las luces y las imágenes hicieron que la despedida adquiriera una dimensión casi cinematográfica.

Messi intentó contener las lágrimas.

No siempre pudo.

Tampoco lo hicieron sus compañeros.

Tampoco el público.

Era imposible.

Porque no se estaba despidiendo solamente a un futbolista.

Se estaba despidiendo una época.

Del chico que soñaba con la Selección al capitán eterno

Hace más de dos décadas, un joven Lionel Messi se puso por primera vez la camiseta argentina.

Era apenas el comienzo de una historia que tendría todos los capítulos posibles.

Los primeros títulos juveniles.

Los Juegos Olímpicos.

Las finales perdidas.

Las críticas.

La frustración.

La renuncia.

El regreso.

La Copa América.

La consagración en Qatar.

La gloria.

Y ahora, la despedida.

Messi se va como el máximo goleador y el futbolista con más partidos de la historia de la Selección Argentina.

Se va como campeón del mundo.

Se va como capitán.

Se va después de haber marcado 126 goles.

Pero, sobre todo, se va sabiendo que dejó una huella que excede cualquier estadística.

Porque Messi consiguió algo que solamente consiguen los grandes ídolos: transformar sus recuerdos personales en recuerdos colectivos.

Millones de argentinos recuerdan dónde estaban cuando Messi marcó determinado gol.

Dónde estaban cuando levantó la Copa América.

Dónde estaban cuando Argentina ganó el Mundial.

Dónde estaban cuando volvió a ponerse la camiseta después de anunciar su retiro.

Y ahora también recordarán dónde estaban cuando Messi dijo adiós.

La última jugada

Todavía hubo tiempo para una última pelota.

Un tiro libre.

La zurda.

La expectativa de todo el estadio.

La ejecución se fue desviada.

Y apenas después, el árbitro se acercó, tomó la pelota y se la entregó a Messi antes de marcar el final.

El gesto fue perfecto.

El capitán recibió la pelota.

La misma pelota con la que acababan de terminar sus más de dos décadas con Argentina.

Las tribunas volvieron a ponerse de pie.

Messi miró alrededor.

Saludó.

Caminó.

Abrazó.

Y recibió una última ovación.

Quizás la más grande de todas.

Gracias, Leo

No hubo un final con gol en el último minuto.

No hubo una remontada.

No hubo una copa levantada.

No hacía falta.

El verdadero triunfo había ocurrido mucho antes.

Messi logró cumplir aquel sueño que alguna vez parecía imposible: ser campeón del mundo con Argentina.

Y en su último partido volvió a hacer lo que hizo durante tantos años: asistir, marcar y hacer feliz a la gente.

Dos asistencias.

Un gol.

Una victoria.

Y una despedida.

El resultado quedará en los registros.

Pero lo que permanecerá será la imagen de Messi con sus hijos, la camiseta argentina, las lágrimas, los abrazos, el Monumental cantando su nombre y un país entero entendiendo que estaba viendo el final de una historia irrepetible.

Lionel Messi ya no volverá a jugar para la Selección Argentina.

Pero su historia con la camiseta celeste y blanca no termina.

Porque hay jugadores que ganan partidos.

Hay jugadores que ganan títulos.

Y hay jugadores que se convierten para siempre en parte de la memoria de un país.

Messi pertenece a esa última categoría.

El "10" se despidió.

Argentina, en cambio, se quedó con su recuerdo.

Y con una certeza que acompañará a varias generaciones:

haber visto jugar a Lionel Messi con la camiseta argentina fue, simplemente, un privilegio.