Región:
Europa
Categoría:
Política
Article type:
Enfoques

Unos quieren bailar en Ibiza, otros fotografiarse en Venecia: la frontera más difícil de cerrar

  • La crisis de Schengen enfrenta a Italia y España en pleno verano.
    La crisis de Schengen enfrenta a Italia y España en pleno verano.
Región:
Europa
Categoría:
Política
Article type:
Enfoques
Autor/es:
Por Pablo Munini @pablomunini
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La crisis de Schengen enfrenta a Italia y España en pleno verano. Mientras Meloni y Sánchez endurecen sus posiciones, la prensa italiana se divide entre quienes temen un golpe al proyecto europeo y al turismo y quienes defienden la respuesta de Roma frente a Madrid.

Europa ha conseguido algo que parecía imposible: que un joven italiano camino de Ibiza tenga que preocuparse no sólo por el precio del vuelo y por sobrevivir a una semana de discotecas, sino también por la política exterior de su Gobierno. Y que una familia española que sueña con Venecia, Roma o la Costa Amalfitana descubra que, entre una góndola y un limoncello, ha reaparecido una palabra que creíamos archivada: frontera.

La crisis entre Giorgia Meloni y Pedro Sánchez por la suspensión de Schengen está siendo observada con lentes muy diferentes por la prensa italiana. Y probablemente pocas cosas expliquen mejor la polarización política de Italia que leer cómo distintos periódicos cuentan la misma pelea.

El más pragmático es el Corriere della Sera. En lugar de convertir inmediatamente el asunto en un duelo ideológico, pone sobre la mesa una calculadora: 86.000 pasajeros diarios y cerca de 500 vuelos directos entre España e Italia durante agosto. Son aproximadamente 2,7 millones de viajeros en el mes. El mensaje que emerge es bastante sencillo: antes de discutir quién ganó la batalla política, convendría preguntarse quién pagará la factura en aeropuertos, conexiones y retrasos.

La Repubblica, desde el centroizquierda, mira la crisis con mucha más preocupación política. Habla de tensiones dentro del propio Gobierno italiano: la línea dura defendida por Salvini y Piantedosi se habría impuesto frente a una posición más mediadora de Tajani, mientras crece el temor de que la operación termine convirtiéndose en un boomerang, especialmente para el turismo. En sus páginas, el exministro Graziano Delrio va todavía más lejos y define el cierre de fronteras por razones de propaganda como un golpe “al corazón de Europa”: para él, la crisis migratoria de Ceuta debería haber servido para reforzar la respuesta europea, no para dividir a los socios.

Más a la izquierda, il manifesto interpreta directamente el choque como una crisis diplomática y pone el foco sobre la negativa de Meloni a aceptar las exigencias de Madrid. Su mirada es crítica con la escalada y con una Europa que, frente a una cuestión migratoria común, vuelve a responder levantando barreras nacionales.

Si cruzamos al otro lado del espectro político, cambia también la película.

Para il Giornale, el problema no es sólo Sánchez sino una izquierda italiana que habría decidido utilizar al presidente español como arma contra Meloni. El diario carga especialmente contra Giuseppe Conte, que elogió al socialista español como un “hombre vertical”. Su tesis es que existe una contradicción: la izquierda italiana aplaudiría la dureza migratoria española que probablemente denunciaría si las mismas medidas fueran adoptadas por un Gobierno de derechas en Roma.

Libero adopta una perspectiva todavía más próxima a la respuesta del Gobierno italiano. El protagonista de su relato es el rechazo al ultimátum de Sánchez: Roma sostiene que la suspensión es temporal, selectiva y permitida por las normas europeas, y que no dará marcha atrás al menos hasta el 15 de agosto mientras considere que persisten riesgos ligados a nuevos movimientos migratorios desde Ceuta.

Así, dependiendo del periódico que uno compre en el aeropuerto, Meloni puede estar poniendo en peligro el espíritu europeo o defendiendo legítimamente las fronteras italianas; Sánchez puede ser el europeo responsable que planta cara a Roma o el dirigente socialista que convierte Schengen en instrumento de presión política.

Pero existe una realidad mucho menos ideológica. España e Italia son dos gigantes turísticos unidos por centenares de vuelos diarios, Erasmus, trabajadores, familias y millones de vacaciones cruzadas. Y por eso esta pequeña guerra mediterránea tiene algo inevitablemente absurdo.

Y hay una fecha que en Italia ningún político debería subestimar: el 15 de agosto. La Asunción de la Virgen en España es, en Italia, Ferragosto. Tiene origen religioso y una historia mucho más antigua, pero para los italianos se ha convertido también en algo parecido a un rito nacional de las vacaciones. Playas llenas, ciudades vacías, familias de viaje: el país prácticamente cuelga el cartel de “cerrado por vacaciones”.

Por eso, perder horas en un aeropuerto precisamente en los días de Ferragosto para someterse a controles que durante años los europeos habían olvidado puede transformar una disputa diplomática en algo políticamente mucho más peligroso: el enfado del turista. Y si los controles terminan produciendo colas, retrasos y vacaciones estropeadas, el cálculo político podría convertirse en un boomerang también para Giorgia Meloni.

Porque italianos y españoles pueden discutir durante horas sobre inmigración, Meloni, Sánchez y Schengen. Pero llega agosto y unos quieren bailar en Ibiza mientras los otros quieren fotografiarse en Venecia.

Quizás esa sea, al final, la frontera europea más difícil de cerrar.