Región:
India
Categoría:
Política
Article type:
Enfoques

La lucha de la India contra el terrorismo

  • La lucha de la India contra el terrorismo.
    La lucha de la India contra el terrorismo.
Región:
India
Categoría:
Política
Article type:
Enfoques
Autor/es:
Por Ajaneesh Kumar, Embajador de la India
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El mundo moderno se encuentra en un punto de inflexión. Hoy en día, las naciones no solo se enfrentan a amenazas de seguridad convencionales, sino también a una ideología del terror que no reconoce fronteras, fe ni humanidad. Desde el sur de Asia hasta América Latina, desde Europa hasta Medio Oriente, el terrorismo ha dejado tras de sí familias destrozadas, sociedades heridas y cicatrices nacionales. Por lo tanto, es imperativo que las democracias hablen con una sola voz y actúen con claridad moral contra esta amenaza.

Durante décadas, la India ha soportado el dolor del terrorismo transfronterizo: desde Mumbai hasta Pulwama, desde el Parlamento hasta Pahalgam. El atroz atentado de 2025 en Pahalgam, en el que civiles inocentes fueron asesinados tras ser identificados por su religión, no fue solo un ataque a la soberanía de la India: fue un ataque a los ideales del pluralismo, la coexistencia y la propia humanidad.

En respuesta, la India puso en marcha la Operación SINDOOR, una operación calibrada y precisa dirigida exclusivamente contra la infraestructura terrorista responsable de orquestar la violencia contra los ciudadanos indios. La India no atacó a civiles ni buscó la escalada. Sus acciones se dirigieron únicamente contra la infraestructura terrorista que durante mucho tiempo había operado con impunidad al otro lado de la frontera.

Las Fuerzas Armadas de la India actuaron con profesionalidad y precisión, atacando infraestructuras terroristas identificadas y evitando deliberadamente causar daños a la población civil. La operación se concibió como una respuesta mesurada basada en información de inteligencia. Las declaraciones oficiales dejaron inequívocamente claro que el objetivo se limitaba a desmantelar campamentos y plataformas de lanzamiento terroristas, al tiempo que se actuaba con moderación para evitar daños colaterales.

La postura de la India también fue transparente ante la comunidad internacional: la respuesta fue específica, no escalatoria y destinada a neutralizar las capacidades terroristas, no a infligir sufrimiento a la población civil.

La conducta de la India refleja el espíritu de una democracia responsable. Incluso en medio de las provocaciones, la ética operativa siguió siendo central. Los objetivos eran instalaciones terroristas y centros de mando asociados a organizaciones proscritas internacionalmente. Se evitó deliberadamente atacar zonas civiles y objetivos no combatientes. Esta distinción es vital, porque en el discurso global sobre la lucha contra el terrorismo, las democracias deben seguir defendiendo los principios de proporcionalidad, precisión y rendición de cuentas.

Lamentablemente, el mundo ha oscilado con demasiada frecuencia entre la indignación tras los atentados terroristas y la indiferencia una vez que desaparecen de los titulares. No se puede esperar que una nación soporte repetidos actos terroristas y ejerza una moderación infinita. El terrorismo no puede justificarse, contextualizarse ni idealizarse bajo ningún pretexto político.

La comunidad internacional debe rechazar de manera contundente la peligrosa tendencia a separar a los terroristas de quienes les dan refugio, los financian o los incentivan. En la actualidad, es urgente que asumamos la responsabilidad compartida de combatir el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones.

Argentina comprende profundamente esta realidad. El pueblo argentino guarda recuerdos dolorosos del atentado con bomba perpetrado en 1992 contra la embajada israelí en Buenos Aires y del ataque de 1994 contra la AMIA, el centro de la comunidad judía. Esos ataques atroces no fueron solo contra la Argentina; fueron contra la propia humanidad. Dejaron una lección perdurable: el terrorismo no respeta ni la geografía ni la ideología.

La India se solidariza enormemente con el sufrimiento de la Argentina, ya que también ha soportado décadas de terrorismo transfronterizo dirigido contra sus ciudadanos. Hoy en día, la India y Argentina están unidas no solo por unos lazos estratégicos cada vez más estrechos y por los valores democráticos, sino también por la convicción compartida de que el terrorismo nunca debe normalizarse, justificarse ni condenarse de forma selectiva.

Me complace señalar que Argentina condenó de inmediato el atroz atentado terrorista de Pahalgam. Durante su visita a Argentina, nuestro Honorable Primer Ministro agradeció a S. E. el presidente Javier Milei este gesto.

La comunidad internacional no puede permitirse la ambigüedad a la hora de enfrentarse a ideologías de odio y violencia. Ambos países reconocen que la cooperación internacional y una firme determinación política son indispensables para derrotar al terrorismo.

La cuestión más importante a la que se enfrenta el mundo hoy en día es si las naciones se enfrentarán colectivamente al terrorismo con coherencia y convicción, o si los cálculos geopolíticos seguirán diluyendo la responsabilidad. Las democracias no pueden permitirse la ambigüedad. Cada vez que se tolera, se ignora o se explota estratégicamente el terrorismo, la paz mundial se vuelve más frágil.

El mensaje de la India es sencillo y se basa en principios: toda nación tiene el derecho soberano y el deber solemne de proteger a sus ciudadanos contra el terrorismo. Al mismo tiempo, dichas acciones deben basarse en el derecho internacional y la responsabilidad humanitaria. La Operación SINDOOR demostró que es posible actuar con firmeza sin ser imprudente, y con decisión sin ser indiscriminado.

La India y Argentina, a pesar de estar separadas por océanos y continentes, están unidas por los valores democráticos y por la convicción compartida de que el terrorismo es un ataque contra la propia civilización. En esta lucha común, el silencio no es neutralidad; es aquiescencia.

Por lo tanto, el mundo debe mantenerse unido, no solo para condenar el terrorismo luego de las tragedias, sino para garantizar que las redes terroristas, sus infraestructuras y sus patrocinadores no encuentren refugio en ningún lugar.

Para que prevalezca la humanidad, el terrorismo debe dejar de ser tolerado como instrumento de política. Ha llegado el momento de que la comunidad internacional acabe con el terrorismo de una vez por todas.