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Política

Así fue el operativo secreto de Estados Unidos para capturar a Nicolás Maduro en Caracas

  • Así fue el operativo secreto de Estados Unidos para capturar a Nicolás Maduro en Caracas.
    Así fue el operativo secreto de Estados Unidos para capturar a Nicolás Maduro en Caracas.

La captura de Nicolás Maduro no fue un hecho improvisado ni una reacción de último momento. Fue el resultado de meses de planificación encubierta, vigilancia de inteligencia y preparación militar, ejecutado en una operación nocturna de alta precisión que marcó uno de los movimientos más audaces de Estados Unidos en América Latina en décadas.

Mientras el presidente Donald Trump observaba la escena desde Mar-a-Lago, rodeado de pantallas que transmitían información en tiempo real —incluidos reportes de inteligencia y actividad en redes sociales—, fuerzas de élite estadounidenses avanzaban silenciosamente hacia una base militar en Caracas donde Maduro dormía junto a su esposa, Cilia Flores.

Poco antes de la medianoche, helicópteros estadounidenses volaban a baja altura sobre el mar Caribe, aprovechando la oscuridad y condiciones climáticas favorables. La orden final había sido dada a las 22:46 hora del Este, tras varios intentos fallidos en días anteriores debido al clima y a consideraciones tácticas. “Buena suerte y que Dios los acompañe”, habría dicho Trump a su equipo de seguridad nacional antes de autorizar el inicio de la misión.

En tierra, comandos altamente entrenados irrumpieron en la residencia. Maduro intentó huir hacia una habitación segura reforzada con acero, pero fue interceptado en cuestión de minutos. La detención fue rápida y sin margen de reacción. Horas después, ya se encontraba bajo custodia estadounidense, esposado y trasladado fuera del país en una operación coordinada por aire, mar y tierra.

Detrás del operativo estuvo un prolongado trabajo de inteligencia. Desde agosto, un pequeño equipo de la CIA había operado de forma encubierta dentro de Venezuela, siguiendo cada movimiento del mandatario: dónde dormía, cómo se desplazaba, qué rutas utilizaba y cuáles eran sus hábitos cotidianos. Según altos mandos militares estadounidenses, el nivel de detalle incluía incluso aspectos personales, lo que permitió determinar el momento exacto para actuar.

El plan, conocido internamente como “Operation Absolute Resolve”, incluyó simulaciones exhaustivas. Tropas de élite llegaron a entrenarse en una réplica a escala real de la residencia de Maduro para ensayar rutas de acceso, tiempos de reacción y escenarios de contingencia. El objetivo principal era maximizar el factor sorpresa y evitar una confrontación prolongada.

En paralelo, Estados Unidos reforzó su presencia militar en el Caribe de forma visible, mientras que otras acciones se desarrollaban en secreto. Semanas antes de la captura, un ataque con drones contra una instalación portuaria venezolana —presuntamente vinculada al narcotráfico— marcó la primera operación directa conocida en territorio venezolano, anticipando una escalada mayor.

Tras la captura, Trump declaró que Estados Unidos asumiría el control del país de manera temporal, sin detallar plazos ni mecanismos concretos, y dejó abierta la posibilidad de una presencia militar más amplia si sectores leales a Maduro se resisten a abandonar el poder. El anuncio generó reacciones inmediatas dentro y fuera de Estados Unidos, incluyendo preocupación en el Congreso y duras críticas de líderes regionales que advirtieron sobre un precedente peligroso para el orden internacional.

Aunque la Casa Blanca justificó la operación como parte de la lucha contra el narcotráfico y la migración ilegal, la magnitud del operativo y el objetivo alcanzado dejaron en claro que se trató de una acción diseñada para provocar un cambio de poder en Venezuela. Una intervención calculada, ejecutada con precisión quirúrgica, cuyas consecuencias políticas, diplomáticas y de seguridad aún están lejos de definirse.