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Europa
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Personajes
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Enfoques

Giorgio Armani, el rey de un vasto y democrático imperio que no reconoce jerarquías sociales

  • Giorgio Armani, el rey de un vasto y democrático imperio que no reconoce jerarquías sociales
    Foto de Pablo Munini - desfile Emporio Armani 2023 Giorgio Armani, el rey de un vasto y democrático imperio que no reconoce jerarquías sociales
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Enfoques
Autor/es:
Por Pablo Munini @pablomunini
Fecha de publicación:
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Sucedió un sábado por la tarde hace muchos años. Sugerí a un amigo que venía a visitarme a Milán caminar desde Plaza San Babila por una de las calles preferidas del Rey Giorgio: Via Montenapoleone.

Bastaron solo 50 metros para cruzarnos con el mismo Giorgio Armani, quien caminaba acompañado únicamente por un guardaespaldas. Nadie se atrevió a molestarlo en su recorrido; era la presencia al mismo tiempo de un humilde y anónimo habitante de Milán y la del rey absoluto de la moda de todos los tiempos y de la ciudad de Milano.

Otra vez lo vi entrar una noche a su restaurante, el Nobu; saludó desde la distancia, con la mano levantada, a todos los que trabajaban en el bar, a quienes podría haber ignorado mientras se dirigía a la sala principal.

Giorgio, el rey, el emperador. Eso era y será Armani: un rey popular, el distintivo de una ciudad, de la capital mundial de la moda.

Los que lo conocieron de cerca dicen que era un hombre hermoso: ojos azules, cabello completamente blanco, siempre bronceado, siempre con camiseta ajustada o en esmoquin; no había otra opción. Vestía con una elegancia discreta y minimalista.

Siempre me ha llamado la atención, al volver de algún viaje, que lo primero que noto es el logo de Armani en algún lugar: en las luces del aeropuerto, en una gigantografía publicitaria o identificando los jeans de cualquier persona caminando.

Armani nació en Piacenza, pero era milanés por excelencia; sabía distinguir y dar significado a cada calle de Milán. Profundamente milanés, convirtió a Milán en un símbolo mundial, el centro mismo de su existencia y de su mundo.

Armani internacionalizó la ciudad que lo adoptó y por esto nunca fue visto por otros grandes de la moda como un rival, sino como una figura por encima de todos, que defendía hasta el extremo el diseño y la moda italiana.

Para él, la moda no era solo moda: era cine, música, deporte, arte, diseño y arquitectura, dejando su huella en todos esos mundos y en cada lugar al que iba, dijo Anna Wintour, responsable global de Vogue y nada menos que referente del personaje principal que inspiró El Diablo viste a la moda: «La vida es una película y mis prendas son el vestuario».

El punto de partida de esta visión personal de Armani comenzó nada menos que con American Gigoló, para luego pasar a actores de Brian De Palma o Martin Scorsese, a un cierto Robert De Niro, Ray Liotta o Joe Pesci, o al film The Wolf of Wall Street (2013), con Leonardo DiCaprio en versión broker “come dinero”, luciendo trajes de Armani.

«El hombre más sexy del planeta viste Armani», titularon los periódicos estadounidenses cuando Brad Pitt, en Bastardos sin gloria, brillaba con un esmoquin color marfil, gemelos de nácar y un clavel rojo en la solapa.

Maria Luisa Frisa, historiadora del arte y teórica de la moda, sintetiza un pensamiento que, tras la muerte de Giorgio Armani, se vuelve cada vez más claro: el diseñador, reconocido por líneas rigurosas y elegancia sobria, fue en realidad un gran innovador.
«Fue el primero en concebir una moda en la que hombres y mujeres pudieran reconocerse de manera paritaria».

Armani vistió la modernidad. En los años 80, dio fuerza a las mujeres que necesitaban una chaqueta con hombros marcados para afirmarse en oficinas y empresas, no solo como asistentes o secretarias, sino como protagonistas. Al mismo tiempo, suavizó la chaqueta masculina justo cuando los hombres aprendían a declarar su homosexualidad, aceptándose como objetos de deseo al mismo nivel que las mujeres.

En la base estaba siempre la idea de movimiento: prendas que bailan en armonía con el cuerpo. Basta pensar en Richard Gere en American Gigoló: camina y el traje se mueve con él; la camisa abierta revela el pecho lampiño, símbolo de una virilidad nueva, libre y sensual.

Armani vistió a Julia Roberts, Diane Keaton, Beyoncé, Anne Hathaway, Lady Gaga, Angelina Jolie, Cate Blanchett, Nicole Kidman, Mariah Carey, Jodie Foster, Margot Robbie, George Clooney, Richard Gere, Michael Keaton, Pierce Brosnan… la lista podría ser infinita.

Armani fue también el diseñador por excelencia de la realeza. Charlene de Mónaco eligió para su vestido de novia un diseño firmado por Giorgio Armani, con un elegante corte minimalista y 40.000 cristales de Swarovski.

Pero puedo ir más allá: apuesto a que no existe ninguna persona en Italia que no tenga en su armario, en su vestuario actual o pasado, un tailleur, una camisa, un saco, una t-shirt, una corbata o al menos un accesorio de Armani.

Giorgio, el rey, se personificaba en cada ciudadano de su vasto y democrático imperio que escalas sociales no reconoce.