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América
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Política
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Enfoques

Lula bate todos los récords: una remontada histórica para conquistar su cuarta presidencia

  • Lula bate todos los récords una remontada histórica para conquistar su cuarta presidencia.
    Lula bate todos los récords una remontada histórica para conquistar su cuarta presidencia.
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Categoría:
Política
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Autor/es:
Por Pablo Munini @pablomunini
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A sus 80 años, el líder brasileño logra una victoria inesperada en el país de los cinco Mundiales. Su triunfo supone un contrapeso a Trump en América Latina, pero no significa la derrota del bolsonarismo.

«Falar grosso com a Bolívia e fino com os Estados Unidos». Hablar con voz fuerte a Bolivia y bajita a Estados Unidos.

La frase de Chico Buarque, evocada por Luiz Inácio Lula da Silva para reivindicar lo contrario, resume una vieja contradicción de la política exterior brasileña: mostrarse poderoso frente a los pequeños y prudente ante los grandes. Hoy cobra un significado especial. Lula acaba de conquistar una victoria inesperada que lo convierte de nuevo en protagonista de la política latinoamericana y en contrapeso regional al poder de Donald Trump.

Brasil es un país que ama los récords. Es el único que ha ganado cinco Mundiales de fútbol, el país de Pelé y de las hazañas imposibles. Ahora tiene un presidente que ha logrado algo sin precedentes en su historia democrática: ganar cuatro elecciones presidenciales. A los 80 años, a punto de cumplir 81, Lula desafía el desgaste político y el paso del tiempo. Cuando termine su nuevo mandato tendrá 85 años.

Su victoria del domingo 25 de octubre tiene algo de remontada futbolística. Había perdido la primera vuelta frente a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, y buena parte de los sondeos apostaban por su derrota. Sin embargo, el antiguo sindicalista movilizó a sus seguidores y terminó imponiéndose con el 51,79 % de los votos frente al 48,21 % de su adversario. Más de cuatro millones de votos de diferencia en un país de más de 200 millones de habitantes. Una victoria clara, pero que deja al descubierto una sociedad profundamente dividida.

Lula se convierte así en el primer candidato de la actual etapa democrática brasileña capaz de remontar una derrota en la primera vuelta presidencial. Incluso entre sus adversarios resulta difícil negar su capacidad de supervivencia política.

Un fenómeno social antes que un político

Durante muchos años he recorrido Brasil de norte a sur. Desde las ciudades industriales del sudeste hasta el nordeste más pobre, desde las regiones agrícolas del interior hasta las metrópolis donde conviven una riqueza extraordinaria y desigualdades difíciles de imaginar en Europa. En esos viajes he encontrado pocos personajes capaces de despertar sentimientos tan intensos y contradictorios como Lula.

Para millones de brasileños, especialmente entre los sectores populares, sigue siendo el hombre que demostró que un trabajador metalúrgico nacido en la pobreza podía llegar a la presidencia. El dirigente que impulsó políticas sociales, amplió el consumo y permitió a numerosas familias acceder a oportunidades antes reservadas a una minoría.

Pero también he conocido a muchos brasileños para quienes Lula representa exactamente lo contrario: el clientelismo político, el peso del Estado, la corrupción y la incapacidad de romper con algunas de las prácticas más cuestionadas del sistema de poder brasileño.

Lula ha sido una figura central en una época marcada por grandes escándalos de corrupción, desde el mensalão hasta la operación Lava Jato. Fue condenado y encarcelado, antes de que el Tribunal Supremo anulara sus condenas por irregularidades procesales y falta de competencia del tribunal que lo juzgó. Aquellas anulaciones no han eliminado las controversias políticas que rodean su trayectoria.

Y, sin embargo, ahí está de nuevo.

Su biografía supera la dimensión política. Lula es un fenómeno social, casi antropológico, que ayuda a comprender las tensiones de Brasil: el ascenso social y el resentimiento, la esperanza y la desconfianza, la identificación popular y el rechazo visceral. Provoca adhesiones que van más allá del Partido de los Trabajadores, pero también una oposición que no desaparece con las victorias electorales.

La gran pregunta es cuánto tiempo podrá seguir sosteniéndose ese fenómeno sobre el carisma de un solo hombre.

Lula ha ganado, pero Brasil ha cambiado. El crecimiento económico ya no garantiza ganar

Quizá la reflexión más importante sobre estas elecciones sea la que plantea El País bajo un título particularmente revelador: «Lula gana, pero el Brasil que lo hizo imbatible ya no existe».

El Brasil de 2026 ya no es el de 2003. Las transformaciones sociales que los gobiernos de Lula contribuyeron a impulsar han modificado las aspiraciones de millones de ciudadanos. Una parte de las nuevas clases medias populares ya no quiere ser identificada como beneficiaria de ayudas públicas. Quiere emprender, acceder al crédito, pagar sus deudas, sentirse independiente del Estado.

Muchos de esos brasileños, que antes podían reconocerse en el discurso del Partido de los Trabajadores, hoy escuchan las propuestas de la derecha. No necesariamente porque hayan prosperado, sino porque sus expectativas han cambiado.

Lula sigue hablando el lenguaje de la movilidad social, pero una parte de la sociedad reclama respuestas distintas a las de hace veinte años.

Y hay otro problema: la sucesión. La izquierda brasileña sigue dependiendo de un dirigente de ocho décadas sin una figura de relevo con comparable capacidad de movilización. La victoria de Lula aplaza la derrota de su partido, pero no resuelve su futuro.

Existe además una paradoja económica. El tercer mandato de Lula, iniciado en 2023, ha registrado un crecimiento superior a muchas previsiones. El producto interior bruto creció un 3,2 % en 2023, según las estadísticas revisadas del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, cuando numerosos analistas preveían apenas un 1 %. En 2024 avanzó un 3,4 %, impulsado por el consumo de las familias y los servicios. En 2025, el crecimiento se moderó hasta el 2,3 %.

Sin embargo, la desaceleración, los elevados tipos de interés y las restricciones fiscales han reducido el margen de maniobra del Gobierno.

Pero las cifras macroeconómicas no se traducen automáticamente en satisfacción política. El endeudamiento familiar, el coste del crédito, la inseguridad y las dificultades para llegar a fin de mes pesan a menudo más que las estadísticas nacionales.

¿Ha perdido Trump? ¿Ha perdido Bolsonaro?

La victoria de Lula trasciende las fronteras brasileñas. En una América Latina donde las fuerzas conservadoras han acumulado triunfos electorales, Brasil introduce un elemento de equilibrio.

El País habla de «Lula, la épica de la izquierda mundial» y recoge el entusiasmo de los dirigentes progresistas latinoamericanos, que han celebrado su triunfo calificándolo de «el Pelé del progresismo». El diario francés Le Monde ha destacado la sorpresa de su reelección, mientras que el británico The Economist lo presenta como «Lula, the great survivor», el gran superviviente.

¿Ha perdido Donald Trump? Geopolíticamente, la victoria de Lula supone un revés para quienes esperaban incorporar a Brasil al bloque latinoamericano más próximo a Washington. Con Lula en Brasilia y Claudia Sheinbaum en México, las dos mayores potencias demográficas de América Latina mantienen gobiernos que defienden una mayor autonomía frente a Estados Unidos.

Lula es un político pragmático: puede negociar con Washington mientras mantiene una relación económica estratégica con China y defiende el multilateralismo. Su política exterior busca preservar el margen de maniobra de Brasil, no sustituir una dependencia por otra.

Pero hay otra pregunta: ¿ha perdido realmente el bolsonarismo?

Casi la mitad de los votantes ha apoyado a Flávio Bolsonaro. La derecha ha ampliado su presencia parlamentaria y conserva una formidable capacidad de movilización social, territorial y digital.

El cuarto mandato de Lula comenzará con un Congreso más conservador y un Partido Liberal, el de los Bolsonaro, reforzado por los resultados legislativos. Sin mayoría propia, el presidente tendrá que negociar cada gran iniciativa con fuerzas que no comparten su programa.

La victoria y el día después

Lula ha sobrevivido a derrotas electorales, escándalos, procesos judiciales, la cárcel, enfermedades y transformaciones de la política brasileña. Pocos dirigentes democráticos contemporáneos pueden exhibir una trayectoria semejante.

Pero sobrevivir políticamente no es lo mismo que resolver los problemas de un país.

A sus 80 años, Lula vuelve a escribir una página singular de la política mundial. Ha conquistado un cuarto mandato en el país de los cinco Mundiales, ha frenado una nueva victoria presidencial del bolsonarismo y ha devuelto a la izquierda latinoamericana un motivo de celebración.

Pero el desafío comienza ahora: gobernar con una derecha parlamentaria fortalecida, una economía que pierde velocidad y una sociedad que ya no responde a los símbolos del pasado. En el país que ama los récords, Lula ha demostrado una vez más que sabe remontar. Falta saber si podrá transformar esa victoria en un futuro que no dependa de un solo hombre.