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La FAA reduce en un 10% los vuelos en 40 aeropuertos de Estados Unidos por el cierre del gobierno
La Administración Federal de Aviación (FAA) anunció una reducción del 10% en el tráfico aéreo en 40 de los principales aeropuertos de Estados Unidos a partir del viernes por la mañana, como medida de emergencia para mantener la seguridad aérea durante el cierre del gobierno federal.
Los recortes afectarán a aeropuertos de Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Atlanta, Miami, Dallas, Denver, Orlando, San Francisco y otras ciudades con alto volumen de vuelos. La medida llega en medio del creciente agotamiento del personal de control aéreo, que trabaja sin recibir salario desde el inicio del cierre y muestra señales de estrés y ausentismo.
Según información difundida por la Agencia Associated Press, el objetivo de la FAA es aliviar la presión sobre el personal esencial y garantizar la seguridad operativa mientras la agencia enfrenta una grave falta de recursos humanos. Esta decisión ocurre en medio del enfrentamiento político entre la administración del presidente Donald Trump y el Congreso, que aún no logra aprobar un acuerdo presupuestario.
A partir de este fin de semana, los pasajeros deberán prepararse para menos vuelos, mayores demoras y cancelaciones inesperadas. Las aerolíneas ya comenzaron a notificar a los viajeros afectados e intentan reacomodar los horarios para reducir el impacto, aunque se prevé una disrupción generalizada.
La Asociación de Viajes de Estados Unidos (U.S. Travel Association) expresó su preocupación ante la situación. Su presidente y CEO, Geoff Freeman, afirmó: “Todos los cierres de gobierno son irresponsables, y esta decisión demuestra la necesidad urgente de reabrir el gobierno. El cierre está generando una presión innecesaria sobre el sistema, obligando a tomar decisiones difíciles que perjudican los viajes y dañan la confianza en la experiencia aérea estadounidense”.
La reducción de vuelos representa uno de los impactos más visibles del cierre del gobierno hasta la fecha, afectando a millones de pasajeros y poniendo en riesgo la estabilidad del sistema de transporte nacional. Mientras miles de empleados federales enfrentan otro período sin salario, aumenta la presión sobre Washington para encontrar una solución antes de que la crisis se profundice aún más.