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¡Lights, Camera… Chicago! Recorrimos escenarios de films como Los Intocables y el set de las series “Chicago Fire”, “Chicago PD” y “Chicago Med”
Por un instante, el silencio domina el inmenso hall de mármol. Luego llega el eco de unos pasos, el chirrido lejano de una valija y el rumor metálico de un tren que entra en la estación. En la gran escalinata de Union Station, una mujer se detiene, mira hacia abajo y sonríe. “Ahí cayó la carriola”, dice casi en un susurro.
No hace falta explicar más. Quienes alguna vez vieron The Untouchables reconocen de inmediato el lugar. Es la escalera donde Kevin Costner, en el papel de Eliot Ness, persigue a los hombres de Robert De Niro mientras una carriola cae lentamente peldaño por peldaño en una de las escenas más célebres del cine estadounidense.
Chicago tiene esa capacidad: convertir una esquina, una estación o un puente en un escenario que ya habíamos visitado antes, aunque nunca hubiéramos estado allí.
Durante IPW 2025, la feria más importante de la industria turística de Estados Unidos, la ciudad ofreció a periodistas de todo el mundo una experiencia singular: un recorrido por los escenarios donde Chicago interpreta, una y otra vez, el papel de sí misma.
No era un tour de celebridades. Tampoco una excursión convencional para fans de la televisión. Era, más bien, una forma de entender la ciudad a través de las historias que cuenta.
Desde los ventanales de Union Station, el centro de Chicago parece una película en movimiento. Afuera, los edificios de piedra y acero se elevan entre el humo de los buses y el viento que llega desde el lago. Adentro, la estación conserva la solemnidad de otra época: techos altísimos, columnas, bancos de madera, viajeros que cruzan apurados. Nada parece haber cambiado demasiado desde que el director Brian De Palma eligió este lugar para rodar la secuencia más recordada de The Untouchables.
La película, estrenada en 1987 y ambientada en la era de la Prohibición, ayudó a consolidar una imagen cinematográfica de Chicago: una ciudad dura, elegante, atravesada por el crimen, la ambición y la épica. Pero el vínculo entre Chicago y la pantalla comenzó mucho antes y continúa hoy con una intensidad inusual.
Más de 1.500 producciones de cine y televisión se filmaron en la ciudad en las últimas décadas. Gotham City cobró forma entre sus rascacielos en The Dark Knight. Los robots de Transformers: Dark of the Moon destruyeron sus avenidas. El suburbio donde vive Kevin en Home Alone está a pocos kilómetros del centro. Y el desfile de Ferris Bueller's Day Off sigue siendo, para muchos viajeros, una guía sentimental de la ciudad.
Pero si hay una franquicia que hoy pertenece por completo a Chicago, esa es One Chicago.
La segunda parte del recorrido nos llevó a un sitio que no aparece en las postales ni suele abrir sus puertas al público: Cinespace Chicago Film Studios.
Detrás de una serie de galpones discretos en el oeste de la ciudad se encuentra uno de los complejos de producción más importantes de Estados Unidos. Allí se filman las series Chicago Fire, Chicago P.D. y Chicago Med, creadas por Dick Wolf.
La visita era excepcional. Los sets no forman parte de un circuito turístico y normalmente están cerrados incluso para la mayoría de la prensa. Pero, por unas horas, los periodistas acreditados en IPW pudieron cruzar las puertas y entrar en ese universo televisivo que millones de espectadores conocen de memoria.
Primero apareció Molly’s.
El bar, con sus luces tenues, la barra de madera gastada y las fotografías colgadas en las paredes, parece exactamente igual que en la pantalla. En las series, es el lugar donde bomberos, policías y médicos terminan sus jornadas, discuten, se enamoran o intentan olvidar lo que ocurrió durante el día. Sentarse en una de sus mesas produce una extraña sensación de familiaridad: aunque uno nunca haya estado allí, sabe perfectamente dónde se sienta cada personaje.
Unos metros más adelante está la oficina del sargento Hank Voight, protagonista de Chicago P.D. e interpretado por Jason Beghe. El escritorio está cubierto de carpetas, fotos, vasos de café, papeles arrugados. Nada parece ordenado. Nada parece decorado. Esa es justamente la magia del set: cada objeto está colocado para que la oficina parezca habitada incluso cuando las cámaras están apagadas.
Después llegan los pasillos de Chicago Med. Monitores encendidos. Camillas. Puertas automáticas. El sonido distante de una alarma. En esos corredores trabajan los personajes interpretados por Nick Gehlfuss, S. Epatha Merkerson y Torrey DeVitto. Sin embargo, al verlos vacíos, sin actores ni cámaras, los sets revelan otra cosa: cuánto esfuerzo, detalle y artesanía hay detrás de cada escena de televisión.
La última parada fue quizás la más emocionante: la estación de la Unidad 51 de Chicago Fire.
Los camiones rojos están listos para salir. Los cascos descansan sobre los lockers. En la cocina hay tazas, chaquetas colgadas, notas pegadas en una heladera. Todo está preparado para que, en cualquier momento, entren por la puerta Taylor Kinney, David Eigenberg o Miranda Rae Mayo.
Pero lo más interesante no es ver un decorado. Es descubrir hasta qué punto Chicago decidió contarse a sí misma a través de sus héroes cotidianos: bomberos, policías, médicos, trabajadores de estación, vecinos. A diferencia de otras ciudades que usan el cine para parecer otra cosa, Chicago aparece en pantalla como realmente quiere ser vista: intensa, trabajadora, orgullosa, áspera y profundamente humana.
Quizás por eso funciona tan bien como escenario. Porque en Chicago, las historias no necesitan inventarse demasiado. Ya están ahí, esperando detrás de una puerta de estación, en una escalera de mármol o en un bar donde, al caer la noche, todavía parece posible cruzarse con los protagonistas de una serie.