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Europa
Categoría:
Sociedad
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Opinión

El aplaudidor: El eterno daño de aplaudir a quien no lo merece

  • El eterno daño de aplaudir a quien no lo merece
    El “aplaudidor” hace daño porque calla, silencia, apoya y defiende al “injusto”,  a quien no lo merece. Quizás el “aplaudidor” debiera darle una pausa a sus manos y dejar que el sentido común se abra paso para no alimentar a quien se transformará en su propio verdugo. El eterno daño de aplaudir a quien no lo merece
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Europa
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Opinión
Autor/es:
Por Héctor Heredia @hectorheredia33
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El “aplaudidor” hace daño porque calla, silencia, apoya y defiende al “injusto”,  a quien no lo merece. Quizás el “aplaudidor” debiera darle una pausa a sus manos y dejar que el sentido común se abra paso para no alimentar a quien se transformará en su propio verdugo.

 

La historia demuestra que todos los personajes más arbitrarios de la humanidad han actuado al margen de la ley con el aval de personas que consciente o inconscientemente los apoyaron. Emperadores, reyes y más cercanos a nuestros tiempos, jefes de Estado, se han sentido adulados por sectores de la sociedad que los han blindado de críticas  aún cuando lo que hacían eran actos contrarios a la vida, a la legalidad y al respeto a sus semejantes. 

A diario, en el mundo contemporáneo, sucede algo parecido. Sigue habiendo injusticias. Ahora bien, ¿qué es una injusticia? Puede que alguien considere injusto un hecho justo y también  puede que suceda lo contrario por lo que entonces algo injusto sea transformado en justo sin demasiadas dilaciones. 

En el terreno de la subjetividad, de acuerdo con nuestras experiencias de vida y modos de ver la realidad podemos tener visiones distintas de un mismo hecho. Sin embargo, hay episodios que son incuestionablemente injustos. Pero, ¿por qué llegamos a esta conclusión?. La respuesta se fundamenta en que así como existe la subjetividad también convive con ella la objetividad. Por ejemplo: si un gobernante comete actos de corrupción, investigados y comprobados por la Justicia: no hay dudas. Ha procedido injustamente. En conclusión, el hecho es objetivamente así. 

Claro que aún cuando hay evidencias  como las descriptas hay quienes van a subjetivizar ese episodio objetivo. De ese modo, lo injusto se volverá justo.

Estas tendencias a defender lo que no debiera ser protegido servirá seguramente para que el hecho injusto pueda ser repetido en el futuro por sus mismos autores o por otros que les sucederán en el tiempo. 

Pero así  como hay personas que por un factor emocional- sentimental  crean un manto de piedad a favor del injusto, también están los que se suman a esa protección, no por una razón emocional o de empatía, sino por motivos más específicos. Son aquellos que tienen algún tipo de conveniencia o connivencia con el “injusto”, poseen privilegios y beneficios que temen perder si ese mesías deja de ostentar el poder. 

Por otra parte, también están los que tienen miedo, entonces se silencian y se comportan pasivamente solo por no sufrir las consecuencias de rebelarse ante la injusticia. 

Si nos alejamos de la política, observamos que en la vida cotidiana ocurre lo mismo. ¿Cuántas veces hemos llegado a la conclusión de que hay personas, eventos, corporaciones, empresas, películas, jefes, empleados, periodistas, artistas, deportistas y tantos más  que están sobredimensionados? Del mismo modo,  también nos encontramos con otra realidad: La de aquellos que no tienen “ el aplauso” del mercado o de la sociedad y que realmente lo merecerían porque están dentro del cruel mundo de la subestimación, en el que se resta méritos al verdadero talento y a la capacidad del trabajo, de la superación y el esfuerzo diario.

Aquellos que aparecen en el terreno de la sobreestimación, tienen ese apoyo inclaudicable y poderoso de los “ aplaudidores” que siguen batiendo sus palmas para que lo que no es bueno sea bueno o al menos lo siga pareciendo.  

La figura del “ aplaudidor” es una construcción metafórica de los que apoyan y fortalecen a quienes no lo ameritan, por diversas razones que se podrían agregar a las detalladas en este escrito. 

Ha habido “aplaudidores” en todos los tiempos y los seguirá habiendo. Los han tenido personajes siniestros, como Hitler, y otros que también han hecho daño en un país, en un barrio, en una escuela, sobre este último caso podríamos citar por ejemplo a los niños que hacen bullying. Acaso, ¿ no hemos visto por experiencia propia o de otros que lo hacen porque también tienen “aplaudidores” que activa o pasivamente dan su apoyo?

El “aplaudidor” hace daño porque calla, silencia, apoya y defiende al “injusto”,  a quien no lo merece. Quizás el “aplaudidor” debiera darle una pausa a sus manos y dejar que el sentido común se abra paso para no alimentar a quien se transformará en su propio verdugo.

Columna de Héctor Heredia, Jefe de Corresponsales de ABC MUNDIAL en Europa con sede en España.