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- España
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- Sociedad
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- Opinión
El Milagro Francesco: 10 años, 8 FIV y 34 semanas que lo cambiaron todo
Gracias infinito al ginecólogo especializado en fertilidad y medicina reproductiva Dr. Carlos Dosouto, a la ginecóloga y obstetra Dra. Anna Gràcia y a todo el equipo de la UCI Neonatología.
Hay viajes que uno no elige, pero que te cambian el mapa del alma para siempre. El nuestro duró diez años. Diez años de esperas, de silencios compartidos, de poner el cuerpo y el corazón en ocho tratamientos de fertilización in vitro (FIV) que nos dejaron al borde del abismo. Gracias infinito al Dr. Carlos Dosouto, porque fue quien trajo calma en aquellos momentos donde pensábamos que estábamos encerrados entre cuatro paredes llenas de oscuridad. Carlos, nos regalaste la ilusión de seguir creyendo. Tú sabes de lo que hablo.
El 21 de febrero de 2026, a las 16:20, el universo decidió que ya era hora. Nació Francesco. Y con él, nació nuestro pasaporte a un mundo desconocido, ese que nadie pide visitar pero del que nadie sale siendo el mismo: la UCI de Neonatología. Gracias infinito también a la Dra. Anna Gràcia. Anna, eres la versión femenina de Carlos: tu sonrisa, tu capacidad profesional y humana de estar siempre pendiente de Marlene nos sostuvo. Gracias por haber interrumpido el cumpleaños de tu hijo y venir volando —un sábado, que no tocaba— para hacer realidad este pequeño regalito que nos dio la vida. ¡Emociona tu entrega!
Francesco llegó a las 34 semanas y 3 días. Pequeño, pero con una fuerza que nos dio la primera lección de vida. Su camino comenzó con una serie de chequeos y estudios intensivos: ecografías, placas, resonancias... Un monitoreo constante de sus pulmones, su corazón, su cabecita. Incluso pasó por una transfusión de sangre. Cada paso, cada estudio, era un hito en su historia.
Cinco semanas y media. Cuarenta y un días que se sienten como una eternidad cuando tu hijo, ese milagro que te costó una década abrazar, vive dentro de una caja de cristal. La NEO es un mundo aparte. Es un ecosistema de alarmas, monitores que dibujan valles y montañas de oxígeno, y un silencio respetuoso que solo se rompe con el llanto de un guerrero.
Nadie tiene un bebé pensando en pasar por allí. Uno sueña con el cochecito, la ropita de estreno en casa y -en nuestro caso- pasear por el parque con su hermana perruna Tormenta. Pero cuando te toca aceptar lo que el destino te puso enfrente, empezás a ver lo bueno. Suena raro, lo sé. ¿Qué tiene de bueno ver a tu hijo con un SiPAP de flujo constante de oxígeno? Todo. Porque ahí, entre esas cuatro paredes, te das cuenta de lo frágil que es la vida y lo vulnerables que somos.
Te das cuenta de que pasamos la mitad del día preocupados por tonterías (que si esta cunita o la otra), mientras lo verdaderamente importante está ahí adentro, en una incubadora, luchando por cada bocanada de aire. En este largo proceso, fue vital contar con la escucha activa de nuestra terapeuta de pareja, Virginia Olano Lafita, que nos ayudó a sostenernos cuando el suelo parecía desaparecer.
En la NEO aprendés que hasta lo más básico es un triunfo. Francesco tuvo que comer por sonda; al estar anémico, no tenía el oxígeno suficiente para respirar y, al mismo tiempo, hacer el esfuerzo titánico de succionar y tragar por sí solo. Ver ese tubito alimentando a tu hijo te rompe el alma, pero también te enseña que cada caloría es una victoria.
Este búnker de vida también nos enseñó sobre la lactancia y la presión social que la rodea. Entendimos que, aunque la leche materna es maravillosa, lo que realmente salva a un hijo es el amor, la ciencia y la paz de una madre. Esa "piel con piel" que lo cura todo. Y hablando de madres, mi admiración total es para Marlene. Por su tenacidad, su entereza y por haberlo dado todo en cada segundo de estos diez años y estas cinco semanas y media. Como dicen por ahí: "El amor de una madre es el combustible que permite a un ser humano lograr lo imposible". Gracias, Marlene, por ser el motor de este milagro.
Este milagro no lo hicimos solos. Francesco tiene un ejército de ángeles de carne y hueso. Queremos agradecer de la A a la Z a cada integrante del equipo de la UCI Neonatal. Ese batallón de tías guardianas, enfermeras y auxiliares: María José, Tere, Mireia, Alba, Susana, Marta, Paula, Aynoa, Sonia, Lorena, Manuela, Natalia, Doha, Inma, Sheyla, Gemma, Sara, Judith, Eider, Candis y Claudia. A quienes nos sostuvieron -desde control- con calidez como Cristina, Carmen y Laura. También a personas como Ana, Astrid, Gina, Óscar y Dulce María, que estuvieron súper atentos para mimar tanto a Francesco como a nosotros, sus papis. A las manos que dejan todo impecable como Loli, Luz y Carolina. Si me olvido de alguien, perdón. Lo que mi memoria olvida, no lo hace mi corazón
Hay nombres que valen más que cualquier cargo con apellido: médicos pediatras increíbles como las Dras. Vanesa, Angie, Aída, Azu, María, Carol, Claudia, María Cristina y el Dr. Rafa.
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Vanesa: Cómo agradecerte todo lo que has hecho para sostenernos. Mañanas enteras de intensidad con esa mezcla de estar a la deriva. “Bueno, Francesquito, hoy dio un paso para atrás; pero ya mañana irá para adelante. Paciencia- Hay que esperar”. Nos empezamos a entender con la mirada y luego con el alma. Gracias. ¡Serás la pediatra de Francesco hasta sus 44 años!.
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Angie: ¡Cuánta claridad y calma nos transmitías! Tienes mucho conocimiento y espero poder colaborar en difundir todas las temáticas que hemos hablado durante tantas noches de NEO: el rol de los padres, las falsas etiquetas, la importancia de los neonatólogos... Deberías abrir un blog para compartir en comunidad todo lo que sabes.
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María: ¡Estuviste en el momento justo del parto para proteger a Francesco! Cuando las miradas de desesperación se cruzaban en el quirófano, tú estabas calma y decidida a custodiar a nuestro milagro. Admiro cómo manejaste la situación.
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Carol y María Cristina: Las descubrí tarde. Ustedes siempre estuvieron, pero yo no las podía ver hasta que pude empezar a respirar el mismo 21% de oxígeno que mi hijo. Espero que muchos futuros papis puedan aprovechar su experiencia en el Programa Canguro para continuar con los cuidados en casa.
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Aída: Te conocimos el día que entramos a urgencias. Fue fundamental tu presencia el día previo al parto porque, con calma, nos fuiste explicando cómo serían los futuros días en NEO.
- Azu: ¡Perdón por tanta intensidad! Hago públicas mis disculpas. Fue aliviador decírtelo en los segundos previos a irnos y con ese abrazo que nos dimos en el pasillo.
Marché sin conocer al Dr. Carlos, jefe de pediatras, pero le quiero agradecer porque me contaron que estuvo siempre monitorizando a Francesco y cuidando de él. Que yo no lo viera no significa que no estuviera presente; todo lo contrario, fue también una pieza clave de todo esto.
Por otro lado, quiero agradecer a todos los amigos y familiares que, a pesar de la distancia, estuvieron presentes día a día, siendo nuestro refugio seguro. También en NEO compartimos el camino con otras familias, como la de Aritz —sus padres Joan y Andrea y la pequeña Chloet—, que representan a tantos padres que vimos pasar y marchar felizmente a casa.
No me voy a olvidar jamás de esta experiencia. Te dicen: "Ya lo verás, un día hacen clic, abren sus ojos y comienzan a mejorar". En nuestro caso, fue un "clic, clic, clic" constante, pero ocurrió.
Todavía el destino tenía una arista más para este proceso de diez años y cinco semanas y media en NEO. Mientras Francesco evolucionaba favorablemente, mi padre -su abuelo- empezó a empeorar de su larga enfermedad. Impotencia, incredulidad, vida y muerte en un mismo momento; no poder tomarme un avión a Argentina porque tenía a mi hijo en la NEO. Mi padre, viejo sabio, resistió todo lo que pudo. Llegó a escuchar mi audio de WhatsApp donde le decía: “Papá, ya Francesco está en casa”. Él decidió hacer un pacto con Dios: que su nieto se recuperara rápido para él poder pasar de este plano a la eternidad.
Fue una sincronía sagrada. En vísperas de Semana Santa, el jueves 2 de abril de 2026 a las 13:20, dejamos atrás el mundo NEO. El viernes 3 de abril, en pleno Viernes Santo, falleció mi padre. En el mismo momento en que el mundo recordaba el sacrificio y el dolor, él entregaba su último aliento, sabiendo que la vida continuaba en su nieto. Su muerte se transformó en nuestra resurrección: el abuelo que se va para que el niño camine. Hoy Francesco tiene a su gran ángel guardián, que lo cuidará de por vida.
Hay que disfrutar de cada momento de la crianza, porque las noches son largas y los años cortos. Hoy Francesco tiene muchas nuevas tías y tíos; profesionales que lo dan todo, inclusive cuando los recursos escasean. Sabemos que cuando nos crucemos por la calle, lejos de las alarmas, las batas y las mascarillas, nos daremos un abrazo del alma. Atesoraré por siempre las palabras de la Dra. Vanesa: “Francesco ha llegado a esta vida para recibir y dar amor. Sobre todo, para hacer más llevaderas las ausencias y las pérdidas de nuestros corazones partidos al estar tan lejos de casa”.