Región:
Argentina
Categoría:
Espectáculos

REPARTO A DOMICILIO, una obra de teatro donde la muerte canta

Región:
Argentina
Categoría:
Espectáculos
Autor/es:
Por Gustavo Chapur
Fecha de publicación:
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Con dramaturgia y dirección de Martín Marcou, se presenta en el espacio Tole Tole

"Lo indefensos que estamos frente a la realidad de la vida. Las malas jugadas que en un instante nos puede jugar la existencia. La muerte está presente y aparece de improviso, los que la desconocen le temen y los que la han conocido bailan casi sin sentimiento, como niños… Una obra de teatro donde la muerte canta", nos anticipa su dramaturgo y director Martin Marcou, acerca de su propuesta que está ofreciendo en el espacio Tole Tole, ubicado en el corazón del Once, que abrió en marzo de este año. Marcou, prestigioso referente de la escena teatral por su trabajo en colectivos LGBT y su Teatro Crudo, es también uno de los responsables de esta nueva y cálida sala del circuito independiente.

¿A dónde van los sentimientos cuando alguien muere? ¿A dónde va el amor? ¿Qué es lo que pasa con esa masa energética que llamamos alma? Son preguntas que seguramente nos hacemos cada tanto, y a veces nos estremece lo peor: no verle sentido a esta lucha, sentir que estamos peleando una batalla inútil desde el comienzo, y que todos vamos al mismo sitio, hagamos lo que hagamos en este tránsito desesperado.

La obra tiene una estética muy particular, y una trama en la que se cruzan elementos de distintos géneros, estados e ideas. Con una poética casi existencialista y fatalista, donde queda claro que lo inevitable, más tarde o más temprano, llegará a nuestra morada. El reparto igualitario podrá ser a distintas horas, como enunciarán los actores, pero siempre será inesperado (no deseado).

El guión no da respuestas, sino que lanza cuestionamientos, con juicios acerca de la realidad. La obra arranca como una comedia, enfatiza luego el tono dramático, hasta desenvolverse en el terreno de la tragedia. Requiere de espectadores activos, atentos a la evolución de los personajes, un esfuerzo decodificador del discurso, de los símbolos poéticos y estéticos, que hacen del relato una propuesta para nada superficial, evidente o previsible. “Ha llegado a ser evidente que nada referente al arte es evidente: ni en él mismo, ni su relación con la totalidad, ni siquiera en su derecho a la existencia”, nos enseñaba Theodor Adorno en su Teoría Estética.

Cada personaje encara, como puede, una manera particular de reaccionar ante la muerte, tal como lo haríamos cada uno de nosotros. Y en cada vivencia, en cada gesto, esa reacción viene acompañada de vértigo, de intolerancia, de violencia, de juzgamientos. Allí se nota que no solo nos anima el miedo a la muerte, sino también el miedo al amor, el miedo al otro distinto, el miedo a no rendir como los demás esperan, en definitiva, el miedo al miedo. Si solo se tratara de existir, la vida no sería más que un angustioso camino hacia la muerte, una espera fatal, un sin sentido del cual hay que distraerse lo mejor posible, para engañarnos en una fuga hacia la nada.

Es realmente laborioso el esfuerzo de los jóvenes actores, duchos en el under, para lograr conectarse entre sí, para tratar de construir sus personajes de manera definida y sólida, no por falencias de formación, sino por las características de la puesta. Los diálogos son entrecortados, el discurso es fragmentado, los giros de estados son espasmódicos, crispados, y una cantidad considerable de personajes en un espacio escénico reducido que restringe movimientos, lejanías, entradas y salidas. Se destacan Rosario Sabarrena (con expresiones bien teatrales, acentuadas, elocuentes), Martín Pérez (con furibunda energía y malicia que le imprime a su personaje) y Guido Gastaldi (que no deja de crecer en cada nueva composición actoral, aunque en esta ocasión no pueda ser aprovechada su carismática sonrisa).

Se percibe el ensayo, la acertada marcación de un director con un prestigio bien ganado, su compromiso con la buena dramaturgia, la intención de dejar algo con vuelo propio. Hasta se da espacio para elogiar en su texto la gestión de Alejandra Darín al frente de la asociación gremial de actores.

En Reparto a domicilio, la vida y la muerte bailan y cantan de la mano de la formidable Carolina Cursi. No es un simple acompañamiento musical. Ella nos recibe, abre la obra, canta actuando con mirada enternecedora y amenazante a la vez. Interpreta, con voz impecable, hermosas canciones reversionadas. Aparece cada vez que los diálogos se agotan. Cuando no queda más por decir, mejor es cantar, como ruptura de tensión. Por eso mismo, la obra también se cruza con el género musical. Cantamos con la muerte, porque es una manera de exorcizarla, de trascender, de sonreírle al dolor. La música es un escudo, un lugar seguro. Un territorio adonde siempre vuelve la obra.

“Reparto a domicilio”, vale aclararlo, tampoco es teatro de la muerte, al estilo del director polaco Tadeusz Kantor. En todo caso, es teatro sobre la vida resignificada por la muerte, teatro donde la muerte nos enseña sobre la vida. Una obra que, como en los textos de Faulkner, se nos presentan piezas aparentemente inconexas hasta que de pronto todo encaja y tiene un sentido.

No es fácil cantarle a la muerte en un país tan cotidiana y violentamente enlutado como el nuestro. Sin embargo, ellos lo hacen bien. Al cantar con la muerte uno se permite acercarse a ella, amigarse frente a las pérdidas. Para algunos la muerte no simboliza dolor sino transmutación, cambio, y desde ese lugar se vuelve alegría. Por eso, la obra no se burla de la muerte, sino que expresa a través de sus personajes ese gran temor al final. Y lo que queda: “no perder la memoria de los encuentros”, reclama Marcou en su texto. Para quienes quedamos vivos, el recuerdo no es melancolía, sino alimento para seguir, para transformar. Quienes hemos tenido pérdidas dolorosas valoramos la vida de otra manera, porque nuestros muertos están por ahí, bailando en la oscuridad, detrás de ese telón de fondo del Tole Tole, tan negro como el luto.

“Reparto a domicilio” también invita a que hoy hagas algo por los demás, lamentarse menos y hacer más por aquellos que necesitan de un gesto mínimo. Hacer que nuestro pasaje por este mundo físico no haya sido en vano. Ese hacer no se refiere a una obra de caridad, sino a darle algo que perdure a nuestros semejantes: un amor, una enseñanza, un poema, una canción, una buena obra. En tal sentido, Martín Marcou ya puede estar tranquilo. No se la pierdan.

Experiencia subjetiva al fin de cuentas, la obra me hizo recordar unos versos:

“Yo que soy el que ahora está cantando.

Seré mañana el misterioso, el muerto,

el morador de un mágico y desierto

orbe sin antes ni después ni cuándo…

¿Qué errante laberinto, qué blancura

ciega de resplandor será mi suerte,

cuando me entregue el fin de esta aventura

la curiosa experiencia de la muerte?

Quiero beber su cristalino olvido,

ser para siempre; pero no haber sido.”

(Los enigmas, de Jorge Luis Borges)

INFO:

Elenco: Carolina Curci, Charlee Espinosa, Guido Gastaldi, Pili Juaristi, Martín Pérez, Rosario Sabarrena, Cintia Zaraik Goulu, Valeria Curci / Vestuario y Escenografía: Pablo Ariel Pérez / Producción: Fernando Perdomo / Dramaturgia y Dirección: Martín Marcou

Espacio Tole Tole: Pasteur 683, CABA / sábados 21hs / Entrada $80 (estudiantes y jubilados $60) / Reservas: espaciotoletole@gmail.com 3972-4042 (40 butacas)