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2017-06-25 21:39 Personajes

Historia: ¿Qué diferencia a Batman de El Zorro?

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El súper héroe estadounidense y el contraste con un caballero español. El historiador Patricio Lons analiza cualidades de los personajes heroicos de ficción.

El 9 de junio de 2017 fallece en Los Ángeles, California, William West Anderson, conocido por su seudónimo actoral de Adam West y que  será recordado durante generaciones por su estelaridad como Batman, en la serie filmada en la década de los años ‘60. Tenía amigos argentinos y había sido recibido con mucho afecto en su visita a Buenos Aires.

Esta triste noticia me llevó a mi infancia y a recordar la cita impostergable junto a Silvina, una amiga de mi niñez, de todos los lunes a las 17 hs. para ver el capítulo semanal de Batman. Imperdible encuentro para ver como los villanos eran derrotados por nuestro héroe. Por supuesto que no nos faltó el disfraz, en aquellos años, que debíamos compartir para jugar entre nosotros.

Lo primero que me preguntaron en varias entrevistas radiales y televisivas, sobre este tema fue “¿Qué mueve al público a admirar y a divertirse con personajes heroicos de ficción?”.

Lo primero que me vino como respuesta fue el parecido, modernizado y con ribetes caricaturescos, de los caballeros andantes medievales.  Aquellos lejanos hombres de a caballo, llenos de valor y coraje, capaces de deshacer entuertos, rescatar doncellas, apalear moros y ladrones  y jurar fidelidad a un noble rey como Arturo de Britania, Fernando III el Santo de España o San Luis, Rey de Francia, magníficos soberanos protectores de sus pueblos y amados por su gente.

Conjugaban en ellos el ideal de valentía y nobleza al servicio de causas justas, de Dios y de su rey. Ese ideal actúa dentro del imaginario colectivo de toda persona deseosa de justicia. Todos deseamos un gigante moral que rija nuestros gobiernos, capaz como Arturo, de sacar la espada de la piedra por declamación popular y elección divina, para impartir justicia; de ser tan honesto que al final de su mandato, como los caballeros que lanzaban su espada al agua para atravesar el camino a su morada final, el de ahora pudiese soportar un juicio de residencia sin morir manchado por la vergüenza.

Sabemos que la democracia de partidos políticos no es el Camelot anhelado y por lo tanto no produce estos arquetipos de honor. Por eso amamos a los caudillos federales que defendían los derechos forales legados por España a nuestra tierra y por eso admiramos o sentimos simpatía por los superhéroes, que despiertan esa imaginación en una permanente niñez tardía, que quienes deseamos el bien, disfrutamos toda la vida.

Discurriendo en los personajes, fui descubriendo las características culturales de varios de estos héroes de ficción. Grande fue mi sorpresa al ver que ellos tienen connotaciones religiosas. Me pregunté ¿puede ser que estos superhéroes adscriban a alguna religión? Y me encontré que sí.

El personaje creado por Bob Kane era “Batman el caballero de la noche”; un nuevo tipo de antihéroe, muy obscuro y que peleaba contra el mal, sin ser el claramente muy bueno, por el contrario, es un personaje lleno de conflictos personales y movido más por un deseo de venganza que de justicia. Es malo lo que él considera que lo es. Mañana podría ser otra cosa, incluyendo los valores morales que Dios nos legó, no se sabe cuál es su marco moral. 

Tanto ese Batman original como Superman, tienen características mesiánicas terrenales. Portan como mensaje subliminal la idea absolutamente heredada del puritanismo calvinista, de que los EEUU son una nación escogida para impartir justicia sobre otros, sea que estos otros la quieran o no. Personajes perseguidos por su origen y que no se pueden casar con mujeres comunes. Están por encima de nosotros, los mortales gentiles, pero siempre como hombres de una raza elegida, no para redimir a la humanidad. El nombre alienígena de Superman es Kal-EL que en una mezcla de hebreo y arameo significa “voz de Dios”. Para ver este tema en profundidad, recomiendo el enjundioso trabajo del prestigioso  profesor y abogado dr. Pablo Davoli al respecto:

SUPERMAN-UNA PRIMERA DISECCIÓN PSICO-SOCIOLÓGICA: http://www.pablodavoli.com.ar/ateneocruzdelsur/intranet/articulos/Superman.%20Una%20primera%20diseccion%20psico-sociologica..pdf 

A diferencia del original del comic, la inocencia del personaje actuado por Adam West, acompañado por Burt Ward como infatigable compañero de aventuras, tuvo el mérito de convertirlo en un héroe de brillante armadura, donde los malos son feos y desagradables y donde el, Batman, trata de ser un “cúmulo de virtudes”, como lo señala el comisionado Gordon o Fierro; que es capaz de enfrentar a todo tipo de tentaciones terrenales como los intentos de seducción de Gatúbela, aquel “súcubo del infierno”, así la acusa Robin, señalándola como a un demonio lujurioso. Incluso Batman trata de redimirla para que elija el camino del bien.

Podemos arriesgarnos a decir, que esa versión televisiva tuvo algunas características cristianas, muy opuestas al original de la historieta. Nadie califica hoy a un personaje como virtuoso, pues vivimos en la época de los antivalores y donde toda alusión a características católicas como lo son las siete virtudes teologales y cardinales, se las persigue con el eufemismo de ser consideradas “políticamente incorrectas”.

En otro estilo, más cercano a nuestra identidad, tenemos al Zorro, el personaje legendario cuyo alter ego es Diego de la Vega, un caballero español californiano, que al transformarse en el justiciero enmascarado, lucha por la justicia de Dios y de su rey contra los infiltrados traidores a España. Estos se presentan encarnados en una logia cuyo jefe es “El águila”. Sus enemigos, declaradamente malos, tienen todos los ribetes de las logias masónicas que buscaron y lograron balcanizar América, hasta convertirnos en veinte repúblicas debilitadas y sin manejo de nuestros destinos. Ante estos poderes es que el Zorro se planta sin temor alguno.

La serie tenía entre sus personajes, a un piadoso fraile español, ante quien ni los malos se atrevían a actuar contra él, y al que el Zorro socorría cuando era necesario. Mantiene siempre un planteo de un obrar moralmente correcto.  El actor que lo inmortalizó en televisión para el sello Disney, fue Guy Williams, nacido como Armando Catalano y que murió en Buenos Aires, adonde se había retirado.

Recordemos que Walt Disney, en esa serie, cada vez que presentaba un capítulo, reivindicaba lo que el definía y demostraba como “el maravilloso pasado español de California”. El mito del posible nacimiento en España de Disney bajo el nombre de José Guirao,  se mantiene hasta hoy. Lo que es innegable fue su amor y simpatía por la cultura española, su amistad con Salvador Dalí y sus viajes discretos a España.

Por toda esa influencia mágica que tienen en nuestra vida, es que amamos a los héroes. Por aquellos valores encarnados es que abrazamos con admiración sincera a nuestros combatientes del Atlántico Sur y les mostramos con orgullo a nuestros amigos extranjeros, las hazañas de nuestros caballeros  pilotos durante la guerra por las Islas Malvinas en 1982. También es por eso que detestamos a nuestros políticos, personajes acomodaticios, pequeños y cobardes que rezuman odio y persecución hacia todo hombre valiente.

En otro parámetro, muy ajeno a un ideal, tenemos a James Bond 007. Este año falleció Roger Moore, uno de los actores que lo encarnó en el cine. La moral de este personaje es típicamente anglicana. Sus intereses no adscriben a valores compartidos. Sus fines justifican sus medios. Adam West rechazó el papel, prefirió quedarse en Ciudad Gótica. Patrick Mc Goohan, el gran actor irlandés y de tradición católica, que personificó al mejor malo del cine, el rey Edward “The longshanks” en “Corazón valiente” y que produjo Mel Gibson, también lo rechazó porque consideraba al espía inglés como un personaje inmoral y hedonista. Bueno, es lógico que lo fuese, James Bond estaba “al servicio secreto de Su Majestad”, que como tal, carece de escrúpulos y no defiende una civilización, sino la simple supremacía británica.

Lo más importante de los héroes es su supervivencia eterna en el mundo espiritual. Ellos siempre vuelven tras el llamado de socorro de sus pueblos.

Ya llegarán los tiempos de la Parusía donde veremos revivir a Arturo restaurando la fe en Inglaterra, a un rey de la sangre de San Luis para que los galos recuerden que son los hijos primogénitos de la iglesia, un nuevo Cid o Isabel de Castilla poniendo orden en España, hija dilecta de Roma. Y en nuestras tierras australes, esperamos contra toda esperanza, que se levantará un valiente para conducir la gran restauración. Occidente se salvará con estos valores y no con otros.

 Y en este entretiempo, esperando que la magia haga su efecto, o mejor dicho, que la Providencia actúe en sus tiempos, cada uno mantiene el rescoldo del fuego sagrado como sus fuerzas le permiten. En mi parte, influyeron gratamente aquellos caballeros de nuestra niñez. ¡Gracias Bruce Wayne o Bruno Díaz! ¡Gracias Diego de la Vega!!  ¡Que Dios les haya dado el descanso final! ¡Los estaremos esperando encarnados en nuevos valientes!!!

Ya no estará la zeta justiciera del Zorro defendiendo a España sobre su valiente caballo Tornado y que sabíamos que “al hombre de mal, él sabrá castigar…” ni estaremos esperando que llegue raudo el batimóvil en un nuevo baticapítulo y en el mismo baticanal. Pero aquí seguiremos, manteniendo el amor por el bien, la verdad y la belleza. Claro que a nuestra manera, que será como siempre, en nuestra hispanocolumna de los viernes y en este mismo hispanoportal.

 

Autor: Patricio Lons. Gentileza portal Los Principios, de Córdoba, Argentina.

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