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2016: el año de los “no”, y del “no” para poder decir “sí”

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El año que se va dejó notables ejemplos de ambigüedad sobre estas estructuras lingüísticas para darles una utilidad práctica que marcará el camino del 2017

Desde el revés que sufrieron las encuestas sobre las elecciones políticas y sociales más importantes que tuvieron lugar en 2016, hasta la carencia de soluciones a complejos flagelos que afectan a la sociedad internacional. Aquí algunas de las situaciones y acontecimientos que hicieron de éste 2016 un año vertiginoso.

América Latina y Estados Unidos
Venezuela ha estado de manera recurrente en las noticias del continente a lo largo del 2016. El régimen de Nicolás Maduro se enfrenta a una crisis social, política y económica profunda, el chavismo opta por métodos cada vez más criticables cuyo objetivo y resultados reflejan la necesidad de evitar la degradación de su fuerza política.
El gobierno de Maduro se transformó en el desprecio por la democracia y el descontrol de la economía, la bonanza proveniente de los ingresos del petróleo, abundante por los precios y a su plena discreción, fue desaprovechada y apoyo popular empezó a menguar desde 2012. La mesa de dialogo alentada por el Vaticano, y los ex presidentes Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Martín Torrijos, parece dirigida solamente a comprar tiempo por parte del gobierno mientras continúa desacertando medidas que hunden al país en su cuarto año sin crecimiento y elevan la inflación a un acumulado de 400%. A este panorama se suma el “no” de Maduro que paralizó el proceso de referendum revocatorio de su mandato y apuntaló el conflicto institucional entre el Legislativo controlado por la oposición con el Ejecutivo y Judicial sostenido por el oficialismo, hasta el momento queda la alianza con el Ejército, pero habrá que ver hasta qué grado está comprometido. Todo esto sin tener en cuenta que el contexto internacional también es adverso, como la pérdida de aliados estratégicos (Brasil y Argentina) y su lugar en la unión subregional MERCOSUR, entre otros organismos.

Brasil fluctuó entre la alegría y el orgullo de ser sede, la primera vez que se realiza en un país lusófono, la primera vez que se realiza en un país sudamericano y la segunda en un país de Latinoamérica, de los XXXI Juegos Olímpicos de Verano, el escándalo Odebrecht y el impeachment de la ahora es presidente Dilma Rousseff.
El 2016 agitó aún más la escena política en Brasil, y ahora en diciembre alcanzó un nivel internacional con la participación del Departamento de Justicia de Estados Unidos en el mayor caso de corrupción que le ha tocado vivir al país carioca. Se trata de un esquema de corrupción, una red que involucra a más de una decena de países en Latinoamérica, funcionarios destacados del PT (Partido de los Trabajadores) y hombres de negocios. Hasta ahora todo apunta a que solo estamos viendo la punta del iceberg, el Departamento de Justicia de Estados Unidos reveló que la empresa pagó unos $788 millones en sobornos a cambio de la adjudicación de más de 100 proyectos de infraestructura.
El Senado de Brasil le dijo “no” a Dilma y confirmó su destitución el 31 de agosto. Una votación acalorada, con expresiones desmesuradas y un tratamiento Express el poder legislativo fue contundente en su votación y desplazó de la presidencia a la primera mujer en llegar al Ejecutivo. Por 61 votos a favor, 20 en contra y sin abstenciones, fue hallada culpable de crímenes de responsabilidad en manipulación de cuentas públicas y depuesta al superar el umbral necesario de dos tercios del Senado, o sea 54 de sus 81 miembros, para su aprobación. En tanto, por 42 votos a favor, 36 en contra y tres abstenciones, no quedó inhabilitada para volver a ocupar funciones públicas por ocho años.
Para 2017 el país verde amarelo sufrió un derrumbe en las expectativas económicas debido a un déficit de cuenta corriente récord y caída de las ventas minoristas, la economía crecerá apenas un 0,5%, cuando hace tan sólo cuatro semanas atrás preveían un crecimiento del 0,98%, y una contracción del PBI de 3,49% prolongando por segundo año consecutivo la peor recesión de la mayor economía latinoamericana en más de un siglo.

Colombia votó el 2 de octubre y le dijo “no” al acuerdo de paz impulsado por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos alcanzado con el grupo guerrillero más grande del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), tras cuatro años de negociaciones. El plebiscito que impulsaba la aceptación del acuerdo con las FARC resultó una gran sorpresa frente al vaticinio positivo de las encuestadoras, el rechazo del convenio suscrito con el 50,21% del “No” contra el “Sí” 49,79% desconcertó a más de uno. El revés para Santos obligó a renegociar el acuerdo tomando en consideración las objeciones de los opositores del acuerdo, encabezados por los expresidentes colombianos Alvaro Uribe y Andrés Pastrana, a la vez que creó incertidumbre sobre la aplicación legal de los acuerdos. Tras un periodo de negociación con los promotores del “No” el gobierno y las FARC acordaron un nuevo texto para el acuerdo de paz el cual se firmó el 24 de noviembre en el Teatro Colón de Bogotá. Este nuevo acuerdo fue ratificado por el Senado de Colombia y la Cámara de Representantes, el 29 y 30 de noviembre. Este vaivén provocó que la imagen del presidente Santos viviera en 2016 los niveles más bajos desde que empezó a gobernar en 2010, pese a esta baja la defensa de las negociaciones le valió al Presidente el premio Nobel de la Paz.

Cuba despide el 2016 en condiciones muy sensibles: con una gigantesca deuda externa, acumulada e impaga por espacio de varias décadas sin que jamás existiera voluntad real de pago; un crecimiento menor al 1%; sin Fidel Castro y con el temor de que las relaciones diplomáticas, reavivadas luego de 50 años de conflicto, con Estados Unidos se enfríen con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.
La muerte del líder histórico de la revolución Fidel Castro y la elección para la Casa Blanca del republicano Trump, que durante la campaña electoral amenazó con revertir los avances alcanzados por el "deshielo" del presidente Barack Obama en su relación con La Habana, dan una perspectiva compleja para la isla durante 2017. Obama recibido en el Palacio de la Revolución de La Habana por Raúl Castro y la imagen para la historia de ambos "enemigos ideológicos" dándose la mano, el concierto gratuito al aire libre en La Habana de la banda británica Rolling Stones, el glamour del espectacular desfile del diseñador estrella de Chanel, el alemán Karl Lagerfeld, al aire libre por el habanero Paseo del Prado y la derogación por parte de la unión Europea de la denominada "Posición Común" que restringía las relaciones con la isla son noticias buenas, esperanzadoras, pero insuficientes frente a la inflexión del régimen castrista frente al cumplimiento de los Derechos Humanos y coartación de las libertades que se aplica desde 1965.

Estados Unidos le dijo “no” a la continuidad de los demócratas en la Casa Blanca y a la primera mujer Presidente. Las elecciones presidenciales ésta potencia mundial fue una de los batacazos en el 2016, y otro fracaso de las encuestadoras, cuando la historia viro a favor del magnate y showman Donald Trump laureándolo con la cantidad necesaria de votos dentro del colegio electoral para alcanzar el Salón Oval. Celebradas el martes 8 de noviembre, fueron las 58.as elecciones, los votantes eligieron a los compromisarios que a su vez debían escoger a los integrantes del nuevo Poder Ejecutivo a través del Colegio Electoral. El largo proceso de primarias que establece la Constitución arrojó los candidatos que se enfrentarían más tarde en los cuatro debates presidenciales: la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump.
Pasado el shock causado por la confirmación de las polarizadas fórmulas, costó digerir las promesas de campañas provenientes de ambos lados y la indisposición mayor resultó posterior a las 2:40am, hora del Este, del 9 de noviembre cuando se confirmó que Pennsylvania daba los últimos 20 electores para definir al ganador, Donald Trump. Clinton aceptó la derrota al día siguiente entre lágrimas y estupor. De cumplir sus promesas de campañas habrá que estar atentos a lo largo y ancho del mundo por las repercusiones por la falta de claridad en los planes a aplicar sobre situaciones cruciales podrían desencadenar y la reorganización geopolítica vigente hasta el 18 de enero próximo.

Crisis de refugiados en Europa y la guerra contra ISIS
Una situación humanitaria crítica y un flujo descontrolado de migrantes expuestos a condiciones extremas de vulnerabilidad exponen, un año más, que se trata de la mayor crisis migratoria y humanitaria en Europa, después de la Segunda Guerra Mundial. Profundizada a partir de 2015 ésta es una crisis mundial que durante 2016 “no” ha encontrado solución con las respuestas de la Unión Europea. Miles de personas se encuentran en las fronteras de los Estados miembros de la Unión, han llegado a través de peligrosas travesías en el mar Mediterráneo y el sudeste de Europa, procedentes de países de Oriente Medio, África, los Balcanes Occidentales y Asia del Sur, movimientos de población forzados debido a conflictos armados, persecuciones, pobreza, cambio climático o violaciones masivas de los derechos humanos. A principio del año la canciller alemana Angela Merkel confirmaba lo obvio: que la crisis de refugiados está "fuera de control" y Europa es "vulnerable". El diálogo se encuentra estancado más allá del principio esbozado en marzo entre Turquía y la UE a través del cual el gobierno turco devolverá a todos los migrantes irregulares que logren llegar a Grecia, pero por cada ciudadano sirio enviado de regreso, la UE aceptará a uno de los ya asentados en Turquía. Este es uno de los puntos dentro de esta situación, el otro es la vía de ingreso a través del Mediterráneo, más de 5.000 muertos convierten las aguas que separan Andalucía de Marruecos en una enorme fosa común.
En uno de los mayores éxodos de la historia reciente, más de 4,8 millones de personas han huido de Siria desde el inicio de conflicto, la mayoría mujeres y niños. Los países vecinos han tenido que asumir lo peor de la crisis de refugiados, con Líbano, Jordania y Turquía luchando por acomodar las oleadas de nuevas llegadas. Se cree que otros 7,6 millones de personas han sido desplazadas de sus hogares internamente, muchas sin acceso a ayuda, lo que lleva el total de los que han dejado sus casas a más de 11 millones, la mitad de la población. A lo largo de los últimos cinco años, más de 250.000 sirios han perdido la vida en el conflicto entre el presidente Bashar al Asad y las fuerzas opositoras. La cruenta guerra destruyo barrios enteros y miles de sirios permanecen atrapados en ciudades sitiadas y reciben escasa, o casi nula, ayuda humanitaria tras la entrada en vigor de frágiles ceses de hostilidades. El conflicto ha tomado una dimensión internacional con los bombardeos, por un lado, de Rusia y, por otro, de la coalición que lidera Estados Unidos en contra del autodenominado Estado Islámico quien capitalizó el caos en la región para tomar el control de vastas zonas en el norte y el este de Siria.
Los “no” de 2016 han sido un acto de dignidad, se han dicho en voz baja y gritando, “no” han sido dichos para decir “sí”, este ha sido un año compartido entre el “no” como elección y el “no” como resultado de medidas inexactas a situaciones comunes para toda la sociedad.