Región:
Europa
Categoría:
Política
Article type:
Enfoques

Peripecias de la periodista de ABC Mundial en la Cumbre de la OTAN

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Europa
Categoría:
Política
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Enfoques
Autor/es:
Por Hanna Woysław
Fecha de publicación:
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Con la notebook al hombro, el IPAD, el teléfono, la cartera, papeles informativos y tacos altos, llegó después de una larga travesía a la sede de la cumbre de la OTAN. Ahora si, empieza el trabajo

Más allá de la importancia que tiene la cumbre de la OTAN para todos los países miembros, lo cierto es que sin la masa de periodistas que cumbren el evento el mundo no se enteraría de lo que se discute, habla, y lo más importante, que decisiones se van a tomar. Y aquí entra la cuestión. Los periodistas, aunque no parezca, también son seres humanos. Pero muchas veces los organizadores se olvidan de este pequeño detalle.

En una ciudad paralizada, sin medios de transporte, y ni hablemos de autos particulares (durante la noche del jueves al viernes fueron removidos de las calles más de 5000 autos de cuidadanos distraidos que no leyeron los comunicados de prohibido estacionar del 6 al 9 de julio.
Hace dos semanas que están colocados, pero no todos se enteraron.

Los periodistas dependen de la organización que les brindan las estructuras. Llegar a la sede de la cumbre, que se desarrolla en el Estadio Nacional de Deportes, requiere llegar al centro hasta uno de los hoteles donde se aloja la mayoría de los equipos de prensa, y ahí tomar el bus que los lleva a destino. En la parada transitoria instalada cerca del parking del hotel, una hoja asegurada y plastificada informa al periodista en cuestión que los micros circulan cada 15 minutos. Solo que parece que el chofer del vehículo no entero. Así que, con un considerable retraso llega el conductor y partimos para, de una vez por todas comenzar a realizar el trabajo.

Pero no todo es fácil. El transporte que nos lleva a destino no puede entrar al estacionamiento del estadio, aunque se ve que no importa que ya fue revisado 15 millones de veces por los servicios secretos de todo el mundo. Estaciona en la calle a unos 500 metros de la entrada al lado de las vías de un tranvía. Y así, con la notebook al hombro, el IPAD, el teléfono, cartera, papeles informativos y tacos altos, esta periodista intenta llegar a destino. Ya en la mitad del camino, gracias al brazo fuerte de un funcionario de service secret (Thanks Obama) en el cual me pude apoyar, los tacos los cambie por comodas alpargatas y así seguimos camino. Una vez adentro, 3 diferentes equipos de seguridad revisaron si yo “era yo”. Superados el estacionamiento, las escaleras y otros efectivos de seguridad, al fin nos encontramos en la sala de prensa.

El aire acondiocionado funciona, buffet hay, y es buena la organización en cuanto a la difusión de la información de lo que sucede. Solo que hay más periodistas que lugares para sentarse, por lo cual, antes de encontrar un lugar libre, caminamos tanto como para adelgazar unos cuantos kilos más y estilizar las piernas. No hay mal que por bien no venga. Finalmente nos sentamos y comenzamos a trabajar.

Y eso es lo que ahora, esta persona convertida en periodista va a comenzar a hacer. Volver a bajar los 3 pisos (con una parada en el segundo piso en el comedor) y comenzar a correr de tras de la información. Deséenme suerte, no es fácil ser periodista en la Cumbre de la OTAN