Región:
Argentina
Categoría:
Deportes
Article type:
Opinión

La Copa América es más divertida que la vacuna del Sida

Región:
Argentina
Categoría:
Deportes
Article type:
Opinión
Autor/es:
Por Martín Troncoso
Fecha de publicación:
Imprimir artículo

¿Los hinchas de la Selección somos unos descerebrados?

Vuelve la Selección y a medida que aumente el fervor por la Celeste y Blanca, inevitablemente comenzarán a aparecer los post en las redes sociales: “¿por qué son más famosos los deportistas que los científicos?”, “como querés que nos vaya bien si a la gente le interesa más el fútbol que lo que pasa en el país”, “¿Cuándo va ser el día que un profesor gane más que un delantero?”, “pobre el país que valore a los deportistas más que a los intelectuales”.

Estas máximas pseudos intelectuales, no solo son falaces, sino también mentirosas, elitistas y en algunos casos, peligrosamente racistas.

El fútbol despierta pasiones, entusiasma y durante el tiempo de una competencia internacional importante, nos tiene babeando desaforados frente al televisor.

La realidad es esta, el fútbol siempre va a movilizar más que las ciencias. Y es lógico que así sea. Hasta saludable, diría.

Por otra parte, se está apuntando a que los futboleros somos una caterva de energúmenos que no entendemos las grandes verdades que las mentes esclarecidas pueden ver. Permítanme responder con una frase del filósofo contemporáneo de Villa Fiorito: “Muchachos, la tienen adentro”. LTA.

El mismo público italiano que festejó el gol de Biaggio en el 94, ni por asomo hubiera colmado estadios para ver a Umberto Eco tecleando frente a una Olivetti “El Péndulo de Foucault”.

Los alemanes que deliraron el gol de Götze no llenarían ni media cabecera para contemplar a Heidegger filosofando sobre la hermenéutica.

La división del átomo es mucho menos excitante que gol de Maradona a los ingleses, e incluso putear al pipita Higuaín es mucho más estimulante que descalificar a un pope de Palo Alto, por el diseño de un algoritmo mediocre.

Lo curioso es que los científicos y los artistas ponen su empeño en crear mecanismos y darnos elementos para que podamos disfrutar de la vida. Ahora, cuando disfrutamos de la vida, siempre alguien nos dice que los estamos traicionando.

Vale para Argentina y por partida doble. En nuestra cruel combinación de complejo de inferioridad y de culpa, destrozamos a nuestros ídolos y si no son trágicos queremos que caigan en desgracia. Y sin embargo, en algo que sí somos potencia mundial, como el fútbol, donde compartimos el Parnaso con Brasil, Italia y Alemania, pensamos que el título Olímpico o el Mundial Juvenil son poca cosa. Ahora, la Copa América es asunto de Estado, porque hace 24 años que no la ganamos. No hay “coponga” que nos venga bien.

La teoría de la conspiración del Capitalismo Mundial, también ataca a los futboleros. Somos cómplices de un sistema hipercomercializado, plagado de intereses, vendido hasta el último segundo de cada transmisión a infames sponsors que utilizan niños esclavos en países paupérrimos para producir sus productos manchados de sangre. Piénselo antes de ponerse nervioso en la próxima definición por penales. Usted es un crápula sin conciencia social.

Ridículo seria un Simpsosio de Psicoanalistas al grito de “Sigmundo, decime que se siente, tener en casa a Jacques Lacan” o posmodernos gritando “Oh le le, oh la la, Derrida se la come, Chomsky se la da”.

El fútbol es un placer hedonista, que queremos disfrutarlo sin culpas, es uno de los pocos lugares donde la grieta no llegó. Cuando es gol de la Argentina, nadie pregunta ¿De qué Argentina, de la populista o de la neoliberal? Y más se parece a la inolvidable “Fiesta” de Serrat, donde “por una noche se olvidó que cada uno es cada cual”.

Los futboleros no somos tontos, sabemos que es más valiosa la penicilina que un pique de Di María, que la madre Teresa de Calcuta nunca pudo hacer una rabona como el Bichi Borghi, pero que su legado es insuperable, que el modelo atómico de Bohr es más importante que el gol de Buruchaga en el 86 o que San Martín es un héroe mucho más importante que el Chiquito Romero.

Pero no mezclamos el chancho con la velocidad y disfrutamos de un buen partido de fútbol mientras esperamos ansiosos que los que saben logren de una vez por todas la tan deseada vacuna del SIDA.

Que nos guste la pelota, no presupone que seamos pelotudos.