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Personajes
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¡Leonardo Da Vinci es un fraude!

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Autor/es:
Por Martín Troncoso
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En exclusiva para ABC Mundial Humor, la verdadera biografía de una de las mentiras más grandes de la Historia

En la historia de la humanida probablemente no haya personaje más completo que el genial Leonardo Da Vinci.

Nacido en 1452, fue pintor, dibujante, ingeniero, inventor, agrimensor, jurista, ebanista, maestro zen y panelista de Mauro Viale.

Fue una de las figuras más sobresalientes del período conocido como el Renacimiento, junto con el maestro Victor Sueyro.

De pequeño, Leonardito era muy mentiroso, cosa que a sus padres los molestaba de sobremanera. "Questo pendeco sempre anda inventado, boludece", diría su madre al Discovery Channell. Fue así que a los cuatro años, una inspirada tarde en que (por boludear un rato) inventó el globo aerostático, el automóvil, la fibra óptica, el plástico, los colorantes sintéticos y una multiprocesadora de ocho funciones, los padres le dieron soberana paliza y lo mandaron a la cama sin cenar por seguir inventando gansadas.

En edad escolar, Leonardo era el mejor alumno de su clase (al igual que Sarmiento), si bien estaba adelantado algunos años con respecto al gran sanjuanino (digamos unos cuatrocientos).

Los maestros lo llamaban: el dotado, sus pares: el genio y sus compañeritos de curso, simplemente: el buchonazo.

Sin embargo no todo era estudio en la vida de Leonardo. También solía salir de juerga con sus amigos: Rafael, Donatello y Michelangelo. No obstante, sus gustos continuaban siendo particulares y gustaban de morfar pizza, esconderse en las alcantarillas y de darle bola a un ratón que se hacía llamar Maestro Splint.

Ya grandecito, comienza a cultivar su larga barba con la cual hoy lo conocemos y se convierte en un intelectual. Sus opositores lo acusan de marxista y lo llevan a juicio. Leonardo sale airoso de Tribunales al demostrar que faltaban aún trescientos años para el nacimiento de Carlos Marx.

Con la excusa de la perspectiva comienza a dibujar gente en pelotas, que salen publicadas en un pasquín porno subvencionado por los hermanos Medici.

Luego, lanza su primer gran éxito que ingresaría en el Europarade: "La Utima Cena", si bien se manifestó tan molesto porque los modelos morfaban y chupaban todo el tiempo, que mandó a crucificar al jefe del grupo al que hacía referencia la obra.

Posteriormente pinta por encargo "La Gioconda". La anécdota cuenta que para lograr la famosa sonrisa de la Mona Lisa, Leonardo probó con todos los métodos y estilos a su alcance: acuarela, tinta china, óleo, barniz y crayones Caran D´Ache. Sin embargo, los resultados no lo conformaban, hasta que aguzando su ingenio, resolvió el problema de la sonrisa con una revolucionaria técnica que quedaría para los anales de la historia: el dedo en el upite.

Es acusado de plagio por una fábrica de dulce de batata y queda en la bancarrota, por lo que sigue inventando huevadas para pagar sus deudas, pero ya estaba artereosclorótico y su lucidez no era la de antes. Inventa la bola loca del Loco Gatti, los anteojos con limpiaparabrisas y el decodificador para los canales pornos, que resulta una estafa ya que aún no se había inventado la televisión.

Sobre el final de su vida descubre los principios de la aviación y viaja urgente en vuelo directo de United Airlines hacia Roma para patentar su idea.

Con el verso de sus inventos no laburó nunca y fueron tan amplios sus conocimientos, que las universidades, que hasta entonces contaban apenas con una docena de materias, se pueblan de carreras y cursos de posgrado, lo cual le vale el repudio de todo el mundillo académico.

Da Vinci fue maestro entre maestro, y entre sus alumnos podemos encontrar a Boticelli, Verdi, Toscanini, Puccini, Aldo Moro, Beto César, Walter Zenga, Franco Causio y Dino Zoff.

La historia se empecina en ocultar los peores momentos de los genios y muy pocos hoy conocen el desafortunado final de Leonardo, quien muere al intentar probar uno de los pocos inventos que verdaderamente le han dado resultado: la granada-boomerang, artefacto del cual aún hoy, lamentablemente, se tienen escasísimos datos sobre su funcionamiento.