Región:
Argentina
Categoría:
Personajes
Article type:
Opinión

Se cumplen 30 años de la muerte de Edmundo Rivero

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Argentina
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Opinión
Autor/es:
Por Juan Pablo Guerri
Fecha de publicación:
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Reconozco que me gusta el “lunfa” como segundo idioma y lo utilizo como un modo más de reafirmar mi identidad y también creo que esa admiración por Rivero me hace más tanguero, como una suerte de "carnet de socio" del club del tango

“Se bate, se chamuya, se parola …" Es inevitable hablar de Edmundo Rivero, o para ser correctos de Leonel Edmundo Rivero - su madre quiso llamarlo Lionel - sin decir algunas palabras en lunfardo.
Reconozco que me gusta el “lunfa” como segundo idioma y lo utilizo como un modo más de reafirmar mi identidad y también creo que esa admiración por Rivero me hace más tanguero, como una suerte de "carnet de socio" del club del tango.
El “feo” decidió no sólo destacarse como guitarrista, sino también quedar en la historia como una de la voces más importantes del tango.
Don Edmundo tenía tanto tango que superó la barrera de su propio registro vocal, un bajo de una profundidad única, que se enfrentaba con la profusión de tenores y barítonos que tenía y tiene el tango.
Nació el 8 de junio de 1911 en Puente Alsina. Su padre, Máximo Rivero, ferroviario; su madre Juana Duró. Ambos le dejaron como parte de su educación bellas canciones de cuna, acompáñandose con una guitarra. El se definía como el “zorzal jetón” y reconoció, y agradeció siempre, la decisión sin dudas de Salgan, de ponerlo al frente de su orquesta a pesar de lo que parecía una rareza todavía, su voz de bajo. Pensar que hoy muchos eligen a Julio Sosa como la voz del tango…
Sin la trascendencia de Rivero le hubiera resultado muy difícil al uruguayo. Antes de Salgan, cantó en las orquestas de José De Caro, Julio De Caro ,Emilio Orlando, Humberto Canaro. Luego Troilo y con el merecido éxito solista, acompañado de guitarras y también con orquesta la de Víctor Buchino. Autor entre otras obras de :“No, mi amor”, “Malón de ausencia”, “Quién sino tu”, “Arigato Japón” y “El jubilado”, “Pelota de cuero” (con Héctor Marcó), “Biaba” (Celedonio Flores), “La señora del chalet”, “Poema número cero” y “Las diez de última” (los tres con Luis Alposta), “Acuérdate” (José María Contursi), “Todavía no” (Eugenio Majul), “Aguja brava” (Eduardo Giorlandini), “Amablemente” (Iván Diez), “Coplas del Viejo Almacén” (Horacio Ferrer), “Milonga del consorcio” (con Arturo de la Torre y Jorge Serrano), y “P' al nene” y “Bronca” (con Mario Battistella). En 1965, interpretó a Jorge Luis Borges, con música de Ástor Piazzola en el disco titulado "El Tango". Hoy sigue resonando firme su versión de Jacinto Chiclana. Participó en las películas: “El cielo en tus manos”, “Al compás de tu mentira”, “ La diosa impura” y “Pelota de trapo”. Grabó junto a las guitarras de Grela , la más bella y perfecta conjunción de lunfardo y guitarras. En 1969 fundó “ El Viejo Almacén”, reducto tanguero donde pasaron los más grandes y donde él mismo brillaba cada noche. Hoy esa esquina al frente en el turístico y porteño San Telmo lo recuerda con una estatua, en Independencia y Balcarce. A Rivero debería recordárselo como uno de los artistas más importantes del género a la altura de su admirado Carlos Gardel, sobre quien escribió un libro. Murió el 18 de Enero de 1986. Y hasta hoy lo extrañan en un “feca” de atorrantes, en un viejo almacén de Paseo Colón y en cada lugar donde se cante un tango.