Región:
Asia
Categoría:
Turismo
Article type:
Opinión

Viajando por Taiwán

Región:
Asia
Categoría:
Turismo
Article type:
Opinión
Autor/es:
Por Pablo Pla
Fecha de publicación:
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Aquí les dejo el recuerdo de las primeras impresiones obtenidas en un fantástico viaje a Taiwán

La aventura taiwanesa comienza en realidad desde la partida de Buenos Aires en un vuelo de Emirates vía Dubai que se extiende a lo largo de 32 horas y un circunstancial compañero de asiento con una barrera idiomática pronunciada, que finalmente comprendo es iraquí.

Mientras veía comodamente sentado y atendido la película ARGO, referida en realidad a un episodio real ocurrido en Irán en 1979, mi vecino de asiento movía la cabeza hacia ambos lados e intentaba decirme algo incomprensible. Se había subido al vuelo en Dubai y recién entendí quien era y que quería al llegar al aeropuerto de Taoyuan, próximo a Taipei. Necesitaba que le completara el formulario de migraciones para lo cual me dio su pasaporte y una lapicera, que varias veces amago a sacar del bolsillo generándome cierta preocupación.

Ya en Taiwán, antes de permitir el paso al hall principal del aeropuerto hay un estricto control sobre el ébola. Hay que llenar un formulario, pero en realidad ese tiempo es el que necesita un moderno equipamiento (Taiwán es líder en tecnología) que detecta entre los viajeros a quien pudiera tener una temperatura corporal superior de los 37 grados, ya que ese es uno de los síntomas. En ese caso lo señalaría inmediatamente a los controladores. Taiwán se ha comprometido en su país y también colaborando activamente con otras regiones, a no permitir en avance de la enfermedad desde África.

El viaje desde el aeropuerto de Taoyuan al centro de Taipei es de 40 minutos recorriendo 30 km de una moderna autopista.
Lo primero que llama la atención son los grandes carteles publicitarios, muy luminosos y con la caligrafía china. Esos carteles con fotos de modelos taiwaneses pueden compartir el idioma chino (mandarín en realidad) con Ingles, pero nada está en español.
Los cajeros automáticos de los bancos, por ejemplo, tienen varias opciones de idiomas, pero ninguna es el español. Por lo menos hay que entender ingles para desenvolverse tranquilo por las calles de Taipei.
Calles limpias, muchos autos pero muchas, muchísimas más motocicletas, recorren las calles del centro. Durante el día es un espectáculo de ver la gran cantidad de motos que circulan esquivando autos y micros. Todos con casco, respetando los semáforos y con una característica: los barbijos o mascarillas. Pronto uno se da cuenta que no solo los motociclistas las usan, muchas chicas jóvenes, gente mayor y niños las tienen. Algunas de colores y con dibujitos infantiles.
Unos dicen que por no contagiar a los demás, otros por la contaminación, pero casi parece una moda, que incluye los modelos más increíbles de barbijos que venden en las tiendas, junto a pañuelos, bufandas o gorros. Un accesorio más.
Sucede que la densidad poblacional es muy grande. Son 23 millones de habitantes en un territorio de 32 mil km2 , un poco más grande que la provincia de Tucumán en Argentina, y viajan en el transporte público uno muy cerca del otro. No hago comparaciones con la forma de viajar en hora pico en Buenos Aires porque está fuera de toda competencia.
El principal medio de transporte es el metro, en tramos subterráneo y en otros pasando por sobre las calles. Interconecta toda la ciudad de Taipei, inclusive con localidades vecinas como Nuevo Taipei. Es un servicio moderno, rápido, eficiente, bien señalizado y con una frecuencia regular.
Los molinetes no son tales, porque al apoyar la tarjeta de viaje (al estilo de la SUBE) se abren 2 pequeñas puertas que no permiten el paso. Un viaje promedio que realice por 10 estaciones me costó 1 dólar norteamericano (30 dólares taiwaneses). Se paga por distancia recorrida, ya que además de apoyar la tarjeta al entrar hay que hacerlo al salir, y en ese momento se descuenta el viaje.
¿Qué puede ser atractivo para el occidental y llamar la atención?
Todo.
La gastronomía, el transito, los mercados nocturnos, la fascinación por la tecnología y el Taipei101 con sus 509 metros de altura, rodeado de grandes tiendas comerciales en la parte más moderna de la ciudad, son cosas para no perderse.