Región:
Argentina
Categoría:
Espectáculos
Article type:
Opinión

SANTOS DE YESO, inteligente y emotiva obra de Nicolás Sorrivas

Región:
Argentina
Categoría:
Espectáculos
Article type:
Opinión
Autor/es:
Por Gustavo Chapur
Fecha de publicación:
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Una trama que ensambla historia política, fanatismo religioso y homofobia, con unas figuras de yeso que guardan oscuros recuerdos.

"Desde un punto de vista teológico-moral, la actividad homosexual se debe valorar como contraria a la esencia de la sexualidad humana", reza la doctrina oficial católica. Hay que "compadecerse" de ellos y sus actos son "desordenados". Sin embargo, fue un avance, porque en otros tiempos el delito de sodomía era castigado por la Inquisición con la pira en la plaza pública.

Así como Marx decía que la religión es el opio de los pueblos, la historia nos enseña que los dogmas religiosos han propagado sangre, sudor y lágrimas. La homofobia, fue una de sus nocivas secuelas.

Santos de yeso” nos habla, entre otras tantas cosas, de la ceguera que engendra el ejercicio ortodoxo de una fe, cuando transmuta en fanatismo, y aniquila la capacidad de comprender, incluso al ser amado. Y lo mismo, con la intolerancia política, madre (nunca mejor el término aquí) de nuestros episodios históricos más oscuros.

Todo acontece en un cuarto. El joven José María ingresa maltrecho, tosiendo, porque tiene una “peste”, según su madre, como castigo divino por apartarse del “camino”. Marta entra expectorando santos y exorcizando demonios que solo ella vislumbra. Él lo hace siempre por la ventana, ella por la puerta. Por la ventana dejamos irrumpir en nuestro interior lo que hay afuera, mientras la puerta es un dispositivo de protección, y de transición entre estados diferentes. Pero al mismo tiempo, el director nos devuelve con esa imagen a un chico que vive y ama a escondidas, que experimenta con culpa, marginado por una sociedad aún inmadura para aceptarlo.

Tras la muerte de su marido, la mujer vive rezando, asiste religiosamente a misa, y encuentra apoyo cotidiano en el cura, mientras su hijo toma distancia del credo y, por ende, de ella y su visión del mundo, porque desaprueba su amor "prohibido" con Germán, de eso que mejor no se habla.

La madre, católica conservadora, cierra la ventana, le teme al mundo, es negadora y obcecada, se aferra al pasado y al deber ser. José María la abre a sus ideales, quiere ejercer la libertad, y reivindica la figura de su padre sindicalista, fallecido: simple, valiente, libre. Ambas personalidades sugieren una alegoría del contexto histórico. Junio/Septiembre de 1955, acontece la 'Revolución Libertadora' que derroca a Perón. Los aviones militares que bombardeaban Plaza de Mayo, llevaban pintadas en sus colas una “V” y una cruz, que señalaban “Cristo Vence”. Mientras, en el frío cuarto de la casa, llega el momento de enfrentar la muerte y el sombrío secreto que albergan esas 21 figuras de yeso, que hará replantear la relación madre-hijo. Un santo de yeso no es nada mas que eso. Y a la vez, es tanto, tanto..

Hay perlitas que nos quiebran el alma, removiendole a cada uno la subjetividad por distintos rincones, como la escena con el sonido aturdidor de los aviones asesinos que oscurecieron el cielo porteño, donde el hijo contiene a la madre (lo que ella nunca pudo hacer con él).

Si bien el ritmo escénico presenta algunos altibajos, esta opera prima de Nicolás Sorrivas tiene un interesante valor dramático. Un texto inteligente que provoca emoción sin golpes bajos. Simple, genuino, y reflexivo. Una obra pequeña y tan abarcadora: la fe y el pecado, el Estado y la Iglesia, los ideales políticos, la sexualidad y el abuso, la hipocresía y la culpa, el amor y la muerte.

Estoquea con su filo en el corazón de nuestra historia alocada y frustrante, en los recuerdos fragmentados, y en los prejuicios que subsisten callados. Denuncia el dolor, la distancia y la soledad que provoca la intolerancia entre seres queridos. Vale aclarar que no se trata de personajes históricos, sino de una historia vincular, con sus carencias y desencuentros.

La actriz Cecilia Sgariglia demuestra gran oficio componiendo un personaje que destila ternura y rechazo a la vez, porque nos devuelve a una fervorosa devota pero tambien a una entrañable madre, que hace lo que sus propias limitaciones le permiten. Por su parte, Matías Milanese cumple muy bien con sus primeros pasos sobre las tablas. Por momentos, su rostro expresivo habla con más elocuencia que algunos de sus parlamentos, como cuando escucha a su madre contarle detalles de la vida de su progenitor, o la manera en que se aferra a un elemento simbólico como la campera de su difunto padre.

La adecuada escenografía mantiene la tendencia minimalista del teatro independiente, igual que el vestuario, simple, sin artificios, a cargo de Ana Revello. El buen diseño de luces recrea un ambiente intimista y lúgubre. Y algo que no solemos destacar en las reseñas teatrales, aquí lo merece: el hermoso diseño gráfico, de Juama Garrido.

Santos de yeso, una propuesta que no debería ser pasada por alto a la hora de elegir buen teatro.

Domingos 20hs en teatro El Estepario, Medrano 484, CABA. Duración: 50 minutos.