Región:
Europa
Categoría:
Turismo
Article type:
Informados

Oslo: entre la Aurora Boreal y las nubes hiladas por los herederos de Olaf

Cosmología, seres sobrenaturales, dioses vikingos, reyes y héroes nos reciben en Oslo; la capital de Noruega. Centro político, económico y cultural del país relumbra por donde se la mire

Centro político, económico y cultural del país, Oslo relumbra por donde se la mire: tradición, funcionalidad, diseño y diversión para las preferencias más variadas viven e impulsan hoy este destino esencial de Escandinavia.

Una oportunidad para conocer esta bella ciudad es programarla dentro de un recorrido por Escandinavia como el que lleva acabo el equipo de Panorama ABC para ABC Mundial. A menos de dos horas de vuelo desde Copenhagen Scandinavian Airlines cubre el trayecto de manera efectiva y puntual. El servicio de transporte público es una gran opción para llegar desde el aeropuerto hasta el centro donde la línea de hoteles Scandic brinda servicios de primer nivel para que su visita sea inolvidable.

Al igual que las otras joyas de la región que estamos visitando Noruega forma parte de la realeza de Europa, actualmente la corona esta en cabeza Harald V. Su nombre en español y portugués es Haroldo V de Noruega, hijo del entonces príncipe heredero Olaf y de la princesa Marta de Suecia, nieta del rey Óscar II de Suecia, accedió al trono en 1991. Al tratarse de una ciudad que sorprende en cada esquina lo ideal es destinar cuatro días para disfrutarla al máximo: el centro y el Parque Vigeland, el puerto, el Museo Cultural Noruego y los barco vikingos para finalizar con el Museo Munch y rematar con un recorrido inevitable por sus tiendas de diseño exquisitas. Mapa en mano, caminando se puede cubrir tranquilamente cualquier distancia entre un atractivo y otro, las combinaciones son casi infinitas, por ejemplo: en una línea recta si partimos desde la Oslo Sentralstasjon (la Estación Central de trenes) se puede visitar la Catedral que fue consagrada en 1697 y aún conserva el púlpito, retablo y la fachada del órgano con motivos tallados en hojas de acanto originales. Siguiendo por Karl Johans, reconocerá la avenida por ser una peatonal repleta de bares, cafés y tiendas donde podrá aprovechar ofertas jugosas si coincide su visita con la época de descuentos o fin de temporada, pasará por el lateral del Parlamento (brinda visitas guiadas en ingles durante el verano local los sábados a las 10 y 11.30. El dato: llegue 20 minutos antes a la puerta para conseguir las entradas limitadas que se reparten de manera gratuita). Si no lo notó, no lo encuentra, no se preocupe es normal que el Palacio Real se robe toda su atención al estar estratégicamente emplazado al final de la calle sobre el punto más alto del casco histórico. A diferencia del Parlamento para ingresar debe abonar una entrada, los cambios de guardia se realiza a diario cerca de las 13.30. Si el día se presta, una temperatura de 20° es ideal para relajarse en el trayecto que lo separan desde el último punto mencionado hasta el misterioso y bello Parque Vigeland. Para no perderse recomendamos tomar una calle, el camino es casi directo, podría ser Riddervolds gt., luego Briskebyveien hasta la entrada de Vigeland Park. En medio: balcones pintorescos, con flores y la paz nórdica son dignas de contemplar. El parque es una de las principales atracciones turísticas con casi 1 millón de visitantes al año. Se trata de un conjunto escultórico al aire libre, que por momentos puede resultar incomprensible y emotivo por partes iguales, compuesto por 200 obras en bronce, granito y hierro forjado. Es la obra de vida de Gustav Vigeland (1869- 1943) Muy recomendable.

Pero como el tiempo no solo es tirano en televisión, y es posible que ya, con unos días por esta región de vikingos, Verdandi, Urd y Skuld (personajes de la mitología nórdica, las tres nornas que tejen los tapices de los destinos) estén haciendo de las suyas torciendo su régimen establecido para que el tiempo se vuele mientras recorre las calles es mejor enfocarse en seguir descubriendo Oslo. Tomando nuevamente como referencia la Estación Central, hacia la izquierda, hacia el mar, vamos a ser cegados por el resplandor de The Norwegian National Ballet & Opera, la mayor institución musical y de arte escénico de Noruega. Bordeando la costa nos internamos en Akershus Fortress, en esta colina podrá disfrutar de una vista privilegia de la bahía, conocer el castillo construido hacia el 1300 y sus salones donde se realizan actos oficiales de gobierno. Retenga el dato de este lugar en su memoria, disfrutar de un atardecer desde esta ubicación le resultará obra del mismísimo Odin. Desde este punto, alto en la ciudad, es posible que el Ayuntamiento haya captado su atención, hablamos del centro político y administrativo de la capital noruega. Oslo fue el primer municipio que introdujo el sistema parlamentario en el gobierno local de la ciudad. Además de ser el lugar de trabajo de 500 empleados, cada año su hall recibe miles de invitados para la ceremonia más importante que tiene lugar allí: la entrega del Premio Nobel. Entre miles de decoraciones de diferentes corrientes artísticas repartidas en los 4000 mts2 que ocupa el edificio se encuentra la que honra al Santo Patrón de Oslo: San Hallvard. Sello de la ciudad suma de numerosos relatos, fuente de tradición documentada en historias que se transmiten de generación en generación hasta nuestros días. Y si Freyja lo permite (una de las diosas mayores invocada frecuentemente para tener buenas estaciones) caminar por la zona costera, pasar por el Museo Nobel, disfrutar de un helado y apreciar la arquitectura local hasta el Museo Astrup de Arte Moderno (edificio diseñado por el ambicioso arquitecto Renzo Piano) se transforma en un plan ideal para luego terminar una jornada cenando junto al mar.

Ufff, wow, ouch... falta tanto por recorrer y se nos acaba la nota. Vamos a lo imprescindible: destinar un día para cruzar hasta el Norsk Folkemuseum y el Museo de Barcos Vikingos tienen el plus de conocer lo que, a unanimidad del equipo de ABC, es lo más parecido a Asgard, tierra y hogar de los dioses nórdicos. No se olvide del Museo Munch que posee la mayor colección de Edvard Munch, pionero del expresionismo, y de Holmenkollen el nuevo trampolín de esquí. Para los valientes, desde su cima hay una vista panorámica de 360° sobre la ciudad, el fiordo de Oslo y el bosque, quizás ideal para grabar en el disco duro humano las imágenes más lindas del recorrido por esta capital funcional y dinámica que danza entre la Aurora Boreal y nubes hiladas por los dioses.