Región:
Argentina
Categoría:
Espectáculos
Article type:
Opinión

MIRANDA: Se reestrenó la obra de Ulises Puiggrós

Región:
Argentina
Categoría:
Espectáculos
Article type:
Opinión
Autor/es:
Por Gustavo Chapur
Fecha de publicación:
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Con el protagónico de la actriz trans Lucía Romina Escobar, la pieza enciende la emoción y transmite un mensaje necesario.

La obra tiene un poco de todo. Humor, reflexión, y emoción. Habla primero de la ingenuidad que aún persiste en pueblos del interior del país. Ese aura de incredulidad que Tati Martinez le imprime a su personaje es tan tierno como desopilante, hasta que se transforma en un perfil triste y patético cuando se revela lo que su marido (o la sociedad) se niega a ver: la pobreza que de a poco va despojando la dignidad. Una maestra del interior, cuya figura hace ruptura con el modelo ideal moralista que tenemos internalizado. Su realidad marginal la coacciona a tomar atajos no deseados.

También nos habla de la incomprensión sin maldad de aquellos que no pueden respirar más allá de su pequeño entorno, aquellos que minimizaron su libertad en función de los cánones aprendidos, o aquellos vomitados desde hace siglos por cofradías eclesiásticas que achican la vida de las personas. Nos habla sobre cuestiones hoy de gran visibilidad, y denuncia una grieta que se alimenta de rígidos esquemas de la educación de otra época, que moldearon valores a su manera. Pero el texto de Puiggros se encarga de no apoyar tal aspecto solo en una distancia generacional, porque en la obra esa mentalidad pequeña envuelve tanto a una mujer mayor (la viuda) como a su joven hijo, mientras el otro mayor, el difunto, pudo abrir su mente y su corazón para mirar el mundo de manera que incluya a todos, especialmente al hijo que más lo necesitaba. Hay personajes sin maldad, pero sin coraje.

La tolerancia no es una actitud de cómoda neutralidad ni de indiferencia, sino una posición auténtica, valiente y resuelta que cobra sentido práctico, cuando se opone a su límite, que es lo intolerable. Por eso no es fácil lograr la armonía entre los derechos consagrados con la conciencia individual.

En un ambiente lúgubre con un adecuado vestuario sombrío, una familia de clase media despide en la ciudad de San Pedro al hombre de la casa, una suerte de patriarca. En un hecho algo inverosímil, la protagonista de la telenovela del momento se presenta inesperadamente en el velatorio. Lucía Romina Escobar compone con total naturalidad a esa diva glamorosa, que dice más cuando calla, porque sus silencios y miradas, temerosos al principio y sublevados después, hablan mucho más que algunos parlamentos previsibles. Sus incursiones tensan o descomprimen, muy oportunamente. Miranda deja de ser una muñeca exótica de la tele o de las revistas, para ser una mujer con una historia de padecimientos superados a fuerza de lucha, alegría por vivir, y amor a la libertad.

Hay interrogantes oscuros, heridas sin cerrar, culpas que reverdecen, negaciones y resistencias. No es fácil estar en los elegantes zapatos de Miranda a fines de la década del 80. Su deseo, su elección y su naturaleza, revolucionan al pueblo y sus creencias. Parece algo muy lejano, pero no lo es tanto. Su familia es la sociedad conservadora de la época, que le teme a lo desconocido.

Gracias al espíritu auténtico y batallador de muchas Miranda, hoy Argentina es un país más inclusivo, en este terreno. Pero aún lejos se está de una sociedad cómoda e igualitaria en lo fáctico y cotidiano para todas las identidades y géneros.

A veces es más difícil para un actor componer a un personaje que le pertenece, sea por género, identidad, experiencia personal, etc. Pero Lucía Romina Escobar despliega una Miranda con amor, con nobleza y aptitud, sin sobreactuaciones ni estereotipos.

Ana Ricciardi, como el de la viuda obcecada y ofuscada del difunto, ofrece también un buen trabajo. Ulises Puiggros, ha madurado como artista, y más allá de su papel actoral, brilla mejor como director y autor. Ha tenido evidentemente un trabajo desafiante y lúcido, del que ha salido victorioso, porque si bien la historia se apoya en una temática ya transitada, la puesta es más que acertada, y necesaria.

Sin dudas, la actriz Tati Martínez se lleva los aplausos más efusivos: con siete meses de embarazo a cuestas (el texto fue readaptado para tal situación), demuestra su versatilidad y compromiso una vez más con el teatro. Su actuación es realmente conmovedora y memorable.

Miranda, sin caer en obviedades, nos invita a ser lo que realmente deseamos ser, y no lo que la sociedad o el poder indican. Miranda no puede ni quiere ser lo que su madre eligió. No quiso decepcionar ni lastimar, por eso se fue de su casa, a pesar de que, como todos los mortales, sintió y siente una enorme necesidad de ser amada. Pero prefirió no reprimirse, no amputar su vida. Porque los deseos no realizados, o no intentados, esas posibilidades no vividas, se pueden volver nuestros enemigos más monstruosos.

MIRANDA, escrita y dirigida por Ulises Puiggrós, ha vuelto para recordarnos que hay una lucha, con sus variaciones e intensidades temporales, que no se abandona, que es aún imperiosa, para poder vivir libres de prejuicios y de violencia intolerante. Una obra pequeña, pero con un corazón enorme. Con un texto potente, que inquieta y cuestiona. Y eso es más que suficiente para darle nuevamente la bienvenida.-

# Teatro Corrientes Azul (Av. Corrientes 5965, Capital Federal). Sábados 21hs.