Región:
Argentina
Categoría:
Política
Article type:
Opinión

Caso Nisman: El Tiro Final

Región:
Argentina
Categoría:
Política
Article type:
Opinión
Autor/es:
Por Gustavo Chapur
Fecha de publicación:
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La muerte del fiscal como emblema del fin de un ciclo político

Ya es frase trillada la que dice que hacer periodismo es publicar lo que alguien (o algún factor de poder) preferiría que no si publique, y todo lo demás son relaciones públicas. Pero esta última semana, punto de inflexión en la realidad (o el realismo político) de la Argentina, demostró un par de cosas. Que por un lado muchos tuvieron y tienen miedo de opinar, aunque no lo manifiesten públicamente. Por otro lado, que ante el apresuramiento por primiciar, muchos periodistas o “publicadores” suelen mezclar hechos con opiniones. Una regla básica en cualquier escuela de periodismo enseña lo contrario. A eso suele conducir el vértigo con que se trabaja en las redacciones y en la calle. Minuto a minuto la información gira, las voces se multiplican, los relatos mutan, la opinión pública exige, los políticos hacen su juego en un año electoral con cambio de poder. Pero sobre todo, porque el caso Nisman es paradigmático, tenebroso, y representa el tiro final para un ciclo político que mereció haberse despedido de otra manera.

Para opinar, podría decir que esta semana uno tuvo la oscura sensación de haber sido transportado a los años 90, esperando que eso no sea un presagio. No es casual, que sean las mismas mafias, con protagonistas que van y vienen nomás. Que en el aspecto duro del poder, las dinámicas pragmáticas del kirchnerismo y el menemismo, se parecen mucho más de lo que quisiera pensar. Yoma, Yabrán, María Julia, Nazareno, Corach. Lázaro, Jaime, Amado, Milani, Stiusso, Aníbal. Los negocios son negocios, sin ideología.

Para referirse a hechos, basta con los elementos que vayan surgiendo de la causa, pero también en el tablero político, porque se trata en definitiva de una muerte política, y que sea suicidio u homicidio no cambia su carácter político. Ya es sabido lo que hay: el tercer ingreso y la puerta de servicio, el hueco de la custodia, el último testigo clave, el retorno anticipado, la nota a su mucama, últimas fotos y comunicaciones. Y también: que un funcionario político perteneciente al gobierno denunciado haya ingresado a la escena del crimen antes que los funcionarios judiciales. Que la denuncia difundida por completo estaba floja de fundamentos y que se parece más a un escrito de inteligencia entregado al fiscal. Que el periodista que dio a conocer el suceso de la muerte debió dejar el país por seguimientos sospechosos. Que hoy muchos tienen miedo en plena democracia. Que la Comisión Bicameral Permanente de Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia, se reunió sólo dos veces en un año y sus informes son un misterio hasta para los propios diputados.

Es de una moralidad política vomitiva el giro en la postura oficialista. No es la primera vez que sucede. En la relación con Bergoglio, como en otras tantas, el gobierno actuó de la misma manera esquizofrénica, el “te quiero-te odio” de acuerdo a la conveniencia coyuntural, o de acuerdo a las by giftitapp">encuestas. Aunque a muchos enamorados del kirchnerismo les sea afectiva e intelectualmente imposible registrar más que las versiones que confirman sus juicios previos, se trata de oportunismo. Tergiversar, disfrazar, acusar a la víctima ya muda, sembrar sospechas livianas sobre su entorno, etc. Que la muerte de Nisman se convierta en otro caso policial enigmático, como una larga lista que a veces olvidamos, solo contribuye a desorientar y desviar la atención del foco. Tal como sucedió con la farandulización (motorizada desde el poder) de las denuncias de Lanata sobre Báez hace dos años para desacreditarlas. El que “vendía ficción” sigue preso.

Lo que parece desprenderse del discurso oficial es que Nisman es el único responsable de lo que le sucedió, y el Gobierno es la víctima, libre de culpa y cargo. Pero el Gobierno conduce el Estado, quien tiene como obligación principal cuidarnos, y asegurar que los fiscales puedan denunciar sin ser descalificados ni removidos ni amenazados. Obviamente, si de opinar se trata, sería muy burdo que el Gobierno mandara a matar a un fiscal en plena bullicio mediático y político a horas de presentarse en el Congreso, acusando de corrupción a la cima de la estructura de poder. Uno más bien se inclinaría por una operación contra el Gobierno, producto de una feroz interna de inteligencia. Es cecir, a Critina “le tiraron un muerto”.

Stiusso fue el hombre fuerte de esa área desde el retorno de la democracia. La ex SIDE ha sido siempre una suerte de Estado paralelo, con gran poder oculto, presupuestos millonarios sin rendir cuentas, un nicho de corrupción, para extorsionar o cooptar a jueces, periodistas, políticos, empresarios. Eso no es novedad, y seguramente así sucederá en otras partes del mundo. Todo lo que es secreto es un caldo para la corrupción. Pero aquí la salvedad: Stiusso ha sido funcionario del estado del Estado durante la “década ganada”, puesto por Néstor Kirchner para aportar información a Nisman. Así como tantos otros, el kirchnerismo ha creado sus propios monstruos, que luego no puedo controlar.

A muchos se les ha olvidado un episodio que ahora podría hilvanarse. En julio de 2013 durante un operativo del grupo Halcón fue abatido el Lauchón Pedro Tomás Viale, acusado de narcotraficante. Pero el hombre pertenecía a Secretaría de Inteligencia desde hacía algunos años, era mano derecha del renombrado Antonio Stiusso. Ahora cabría preguntarse si Viale murió por narco o por saber demasiado sobre la causa AMIA. Y al mismo tiempo, si la eyección de Stiusso estuvo motivada por el giro (otro más) proiraní del Gobierno, motivado a su vez en necesidades comerciales y energéticas.

Ya hoy está más clara la nueva decisión del Gobierno: impulsar una denuncia política contra el ex hombre fuerte de la Secretaría de Inteligencia. La idea es no radicar una denuncia contra Stiusso en Tribunales porque se carece de pruebas. Pero la Presidenta está convencida de que el ex agente le "plantó datos falsos" al fiscal Nisman para incentivarlo a presentar la denuncia. Si bien a la Casa Rosada le conviene que el caso se aclare lo antes posible, al mismo tiempo teme que la fiscal Viviana Fein o la jueza Fabiana Palmaghini llamen a declarar a Stiusso en la causa. Eso es lo último que querría el Gobierno.

Con respecto a la estrategia de comunicación del Gobierno, no hace falta comentar demasiado. Como señaló Beatriz Sarlo: “Si la primera carta era insensata, la segunda fue cruel y vengativa. Cristina Kirchner no escribe a la altura de la función que desempeña.”

A la gravedad de la denuncia, se suma la muerte del denunciante: se duplica el nivel de gravedad institucional. El primer interesado y obligado en aclarar todo es el propio Gobierno. Primero porque es Gobierno, y segundo porque era el acusado. No se mata quien tiene miedo de que lo maten. No se mata quien dice que teme por su vida y la de su familia. No se mata quien está ansioso por hablar y denunciar, esperando el día más importante de su carrera. No se mata quien tiene más razones para vivir que para morir. El disparo a Nisman también fue para un extenso ciclo político que ha dejado cosas buenas, otras discutibles, y otras tantas tenebrosas que no pudieron o no quisieron cambiar, y posiblemente nunca cambien.

Si de un lado de la balanza tienen su peso específico varias conquistas sociales, restitución de derechos, y reconocimientos ciudadanos que nadie podría desconocer, también es cierto que del otro lado hay una carga que ya no se puede ocultar con retórica popular. No solo cabe desilusionarse por el famoso Memorándum con Irán. Esa es la bala final del suicidio político de un gobierno. Una supuesta mística transformadora, que buscó consolidar la hegemonía de un Gobierno crispado, no ha sido suficiente para tapar el quiebre de lazos sociales, la violencia que ha engendrado, el crecimiento exponencial del narcotráfico, el deterioro del poder adquisitivo con una de las inflaciones más altas del mundo, con fronteras de fantasía, con un festival de subsidios y déficit fiscal, con emergencia energética, cepo y recesión. La ley de hidrocarburos, que se podría bautizar "ley Chevron", quedará en la historia como un ícono de entrega y corrupción. Como también otras leyes fundamentales aprobadas a libro cerrado por un Congreso escribano.

Solo el tiempo nos permitirá evaluar bien el saldo de este fin de ciclo: la diferencia entre convicciones y conveniencias, entre postura e impostura, entre la búsqueda de la verdad y la justicia y la manipulación política de valores e ideales. La diferencia entre la izquierda y la derecha. Y otra vez, habrá un desierto de desilusionados impotentes, a la espera de un nuevo salvador.