Región:
Argentina
Categoría:
Espectáculos
Article type:
Opinión

EL CASCANUECES: con magia renovada brilló en el Teatro Colón

Región:
Argentina
Categoría:
Espectáculos
Article type:
Opinión
Autor/es:
Por Gustavo Chapur
Fecha de publicación:
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La fábula navideña cerró el año teatral del Ballet Estable. Con los protagónicos de Carla Vincelli, Juan Pablo Ledo y Matías Santos. El vestuario de Gino Bogani.

Con funciones que comenzaron el pasado martes 16 de diciembre, El Cascanueces cierra el año teatral del Ballet Estable del Teatro Colón, con localidades económicas.

LIDIA SEGNI, directora del Ballet Estable resignifica la coreografía original que Lev Ivanov creara para este ballet de dos actos, estrenado en 1892, cuya historia está basada en la adaptación que hiciera Alejandro Dumas (padre) del cuento fantasmagórico del escritor y compositor alemán Ernst Theodor Hoffmann: El Cascanueces y el rey de los ratones. La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, bajo la dirección del maestro Emmanuel SIFFERT, es la encargada de interpretar la música compuesta para este ballet por Chaikovski.

GINO BOGANI, tras su celebrada labor en La Cenerentola (ópera cómica en dos actos con música de Gioachino Rossini, basado en el cuento de hadas La Cenicienta) de la temporada 2012, tuvo una vez más a su cargo el diseño de vestuario de esta encantadora fábula navideña, un clásico de fin de año. Por su parte, Sergio Massa realizó un impecable diseño de escenografía. El coro de niños despliega cantos realmente celestiales.

Carla Vincelli cumple con gran elegancia y corrección su aniñado rol protagónico: su Clara es pieza fundamental en el desarrollo de la trama. El genial Juan Pablo Ledo, en el rol del soñado príncipe en que se convierte el juguete del cascanueces, ejerce con caudalosa eficacia su cualidad de partenaire.

Además de los notables trabajos de los bailarines, con sus destrezas académicas, se aprecian trucos, juego de variaciones lumínicas y una paleta cromática intensa, entradas y salidas que sorprenden, los climas dinámicos y tensos generados por la orquesta, la atmósfera de fantasía, todo un engranaje que hace de esta puesta un espectáculo exquisito de primer nivel, y para toda la familia. Un gran regalo de Navidad en el primer coliseo argentino.

El argumento en esta versión

En el primer acto, una multitud bulliciosa se prepara para festejar la Navidad. En el interior de la residencia de los Stahlbaum se reúnen parientes, amigos y niños. Llega el padrino Drosselmeyer con regalos. Clara, su hermano Fritz y su hermana Luisa desaparecen y con la complicidad de Drosselmeyer reaparecen transformados en autómatas. El padrino ofrece a Clara un bello juguete, un cascanueces de madera con forma de soldado. Fritz celoso, lo rompe. Clara llora, su padrino reprende a su hermano, y lo repara. La chica fatigada se recuesta en un sillón. Suenan las campanadas de medianoche. De la chimenea y de varios rincones surgen ratones que invaden la habitación. Aterrada, Clara les arroja sus muñecas para proteger al pequeño cascanueces. Aparece el Rey de los ratones y los soldaditos de plomo salen de su castillo. Entra un regimiento de caballería conducido por el cascanueces, que es ahora una criatura animada. Se entabla una batalla y el Rey de los ratones es abatido. El salón se transforma en un jardín invernal. El cascanueces pierde su apariencia de soldado mecánico para tomar los rasgos de un príncipe que recuerda a Drosselmeyer.

En el segundo acto, Clara está aún inmersa en su tierno sueño con el Príncipe. Ve a sus padres y a los invitados trasladados a países lejanos y baila una danza final con todos ellos. En medio del baile, Clara se reúne con el Príncipe. El señor y la señora Stahlbaum despiertan a Clara, que se había dormido durante la fiesta. Entonces descubre que todo fue un sueño. Junto a ella está el cascanueces que Drosselmeyer le regalara.

MATIAS SANTOS, un Drosselmeyer espectacular

Merece ser destacado en la obra el eximio bailarín entrerriano que interpreta por primera vez al padrino mago de Clara, que llega a la fiesta cargado de regalos y entretiene a los niños con un teatro de marionetas y sus juegos de prestidigitación. Logra desplegar con histrionismo, energía y fastuosidad un personaje clave en la historia. Su capa negra con forro plateado fue un acierto de Bogani para darle espectacularidad.

“El arte te da libertad”, resume Matías Santos su pasión por la danza. Nacido en la ciudad entrerriana de San Salvador, tuvo una iniciación tardía, ya que comenzó a estudiar ballet a los 18 años. Sin embargo, gracias al talento y el esfuerzo, le llevó poco tiempo cumplir el sueño de convertirse en bailarín profesional. En ese 2001, con sus 18 años y sólo 6 meses de estudio en técnica clásica, ganó la beca Arte y Cultura “Maximiliano Guerra” con los maestros Sara Rzeszotko y Lidia Segni, lo que representó su primer contacto con el mundo del ballet profesional. Luego ingresó al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y, en forma particular hasta la actualidad, se formó con los maestros Martín Miranda y Tatiana Fesenko.

Desde 2005 forma parte del Ballet Estable del Teatro Colón, y en Julio pasado encumbró su carrera en el coliseo porteño como primera figura de Rodin, la obra basada en la vida del famoso escultor francés.

Si bien ha sido solista en varias obras, fue en 2011 cuando lo eligieron para uno de los roles principales, el príncipe Gremin en la obra Onieguin. Al año siguiente, otro gran coreógrafo internacional, Nils Christe, seleccionó a Matías Santos para el rol principal de su obra “Before Nightfall”. Luego, se volvió a reponer Onieguin y los coreógrafos repositores, Víctor y Agneta Valcu, me eligieron para ser el mismo rol principal. Luego fue seleccionado para el protagónico de Cenicienta (del italiano Renato Zanella), y a fines de la temporada 2013 interpretó a Von Rothbart en “El lago de los cisnes” (del inglés Peter Wright).

Independientemente de lo realizado con el ballet del Colón, Santos ya había interpretado roles protagónicos en obras como Giselle, en el Teatro Auditorium de Mar del Plata, El Corsario y Choppiniana, en el Teatro Independencia de Mendoza, y el rol de Albrecht, de Giselle, en su propia provincia, en el Teatro 3 de Febrero de Paraná. También fue miembro de la compañía Tango Pasión, y participó en el Festival de Cabo Frío, en Brasil, junto a estrellas internacionales de la danza. Fue un espectáculo que agrupaba bailarines, músicos y cantantes, que le permitió unir su pasión por el tango y el ballet.

Cumplió también el sueño de todo bailarín: danzar en el Teatro Bolshoi de Moscú. Allí fue partner en el XII International Ballet Competition. Junto a su compañera Luana Brunetti Mattion llegó a las semifinales, obteniendo un reconocimiento a la maestría artística. Presentaron los pas de deux de La Bella Durmiente del Bosque, y del segundo acto de Giselle, además de un tango llamado Homenaje a Troilo, con coreografía de Claudio Longo.

Matías Santos es un bailarín de bajo perfil, pero con gran potencia escénica, con impecable virtuosismo técnico y, tal vez lo más importante para el deleite de los que aman la danza: el amor por el arte que entrega sin fisuras en cada performance, una pasión que late en cada gesto, sin la cual la experiencia artística carecería de emoción y vitalidad.

Las bellas fotografías que ilustran esta nota son de Máximo Parpagnoli y Carlos Villamayor.