Región:
Argentina
Categoría:
Espectáculos
Article type:
Opinión

OrguYo, la primera obra de Leticia Brédice como dramaturga

Región:
Argentina
Categoría:
Espectáculos
Article type:
Opinión
Autor/es:
Por Gustavo Chapur
Fecha de publicación:
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Innovadora e irreverente, una pieza de gran potencia visual y reflexiva dedicada a Urdapilleta, dirigida por Cristian Morales. Últimas funciones.

Alejandro Urdapilleta fue el último gran ícono del teatro under porteño, un monstruo creativo. Fue uno de los exponentes nacidos en el Parakultural. En aquella época, el actor formaba junto a Batato Barea y Humberto Tortonese un trío que renovó la escena artística porteña. Leticia Bredice, en su debut como dramaturga, concibió esta pieza como un aguerrido homenaje a su amado amigo, hace ya un año fallecido. En Orguyo se respira casi la misma densidad artística de aquella usina de los ´80: es una pieza oscura, furiosa, ingeniosa, sensual y vibrante. Una puesta inteligente de Cristian Morales que ostenta una inusual potencia visual y reflexiva.

Orguyo nos habla, o mejor dicho, nos grita (literalmente) varias cosas en la cara, aunque esencialmente es una obra sobre la identidad. En los últimos tiempos, bien sabemos, la cuestión ha sido objeto de luchas y reivindicaciones políticas, duelos aún sin cicatrizar, evoluciones normativas, y hasta desplazamientos teóricos, como consecuencia también de los cambios en las formas de experimentar el mundo. El concepto, y por lo tanto la obra, conlleva ciertas tensiones, en sí mismo y con las realidades que enuncia. La identidad de una persona es una construcción simbólica que no se agota en el dato biológico de su existencia física, sino que abarca todos los aspectos que la integran como ser humano. Y una dimensión fundamental en esa construcción, objetiva y subjetiva, es el reconocimiento de los otros.

Con una temporalidad que puede oscilar entre los años 70 y la actualidad, Orguyo es una historia que atraviesa una sociedad hipócrita y cínica. Se apoya en lo más siniestro de ella para hacernos sonreír. Tiene un tono inquietante y subversivo, una mirada irreverente y sarcástica sobre algunos tabúes. Bredice y Morales se dan el gusto, como una pequeña venganza, de arrancarnos una sonrisa amarga.

El marco interesante de la obra es una suerte de coro griego. El grupo homogéneo de jóvenes actores, vestidos de forma idéntica actúa como observadores y comentaristas de la historia, con una voz colectiva en la acción dramática, y se desplazan coreográficamente. Además de representar a la sociedad, la función dramática del coro es obviamente dar información que ayuda al público a seguir la trama, expresando lo que los personajes principales no pueden decir, como sus miedos y secretos.

Orguyo es una comedia negra con elementos circenses, emociones fuertes y buena música. Con impecables diseños escenográfico, lumínico y de vestuario. Con ocho actores que dejan todo en una puesta innovadora y exigente. Se destaca en un pasaje particular el colombiano Andrés Pabón Koch, actor experimentado del under. Y dos protagonistas que se lucen desplegando con gran eficacia e histrionismo sus composiciones: Juan Manuel Cabrera (Lina) y Juan Ignacio Retamal (Lana), no dan respiro al ecléctico público del teatro-galpón Gascón 104.

Ellos son dos nefastas mellizas que viven martirizadas por la deshonra familiar. Lina se abochorna de su linaje, e intenta convencer a su hermana de sustituir el apellido para recuperar la dignidad y el orgullo, pero Lana se resiste. Ambas se enfrentan a un dilema de identidad donde chocan la individualidad y la estirpe familiar innoble, arriesgando el vínculo sanguíneo y afectivo. Ambas ejercitan un juego ácido de libertad amoral, despilfarrándose en maldades para demostrar quién de las dos tiene los pies sobre la tierra (o sobre la cabeza de la otra).

Orguyo tiene algo de utopía, sin la cual no sería arte. Creer en la utopía no significa renunciar al entorno cotidiano, ni volar intelectualmente hacia paraísos oníricos, sino dar un voto de confianza a la condición humana, mantener viva la esperanza de una mejor construcción colectiva. El sentido natural de la oportunidad dicta que es más fácil vender paraguas cuando llueve. Pero aquí no cae una gota y, sin embargo, Lina y Lana, luchan por sobrevivir vendiendo paraguas, en un mundo tan árido y hostil, ácido y desgraciado, donde lo único que nos humedece y agita el alma, serán las lágrimas que desprende esta pieza preciosa que no hay que perderese.-

Elenco: Juan Manuel Cabrera, Juan Ignacio Retamal, Sacha Bercovich, Andrés Pabón Koch, Esteban Recagno, Daro Pardo Rios, Juan Manuel Gili, Matías Asenjo / Vestuario: Fernando More / Escenografía: Ariel Villarreal / Iluminación: Javier Carabajal - Moshe Maya Duarte / Canciones: Eugenio Reinald / Dirección: Cristian Morales / Autor: Leticia Bredice / RESERVAS: orguyolaobra@gmail.com / Sala G104: Gascón 104, Capital Federal. Últimas funciones.