Región:
Argentina
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Espectáculos
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Opinión

Crítica teatral: "He aquí el hombre"

Región:
Argentina
Categoría:
Espectáculos
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Opinión
Autor/es:
Por Gustavo Chapur
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Es realmente desopilante por las características bizarras del episodio, el trance en que cantan a modo de hinchada futbolera, el himno a las aceitunas rellenas con morrones. Gran logro de la novel directora, como cada precisa marcación en la puesta

En el año 33 de nuestra era, Poncio Pilato presentó ante una multitud hostil a un hombre maltrecho. Su nombre era Jesús de Nazareth, autoproclamado Hijo de Dios y Rey de los Judíos. “¡Ecce Homo!” (He aquí el hombre), gritó Pilato, sometiendo su destino a la voluntad popular, quelo llevó a morir en una cruz. El resto es historia conocida.

Lo que pocos conocen es la trascendencia de la frase que vociferó aquel que se lavó las manos. Ecce homo pasó a la historia como una trágica expresión latina que inspiró a artistas de todo el mundo a retratar ese instante en el que Jesús fue exhibido, después de sufrir torturas de parte de los romanos, frente a los judíos. “He aquí el hombre” significaría ¡Este es!, es este quien quiere tomar el lugar del César, y miren cómo terminó, es cruel una advertencia.

Poco podía imaginar este gobernador de Judea que iba a ser recordado por aquel proceso. Ni que el gesto de lavarse las manos que relata San Mateo en su evangelio para expresar que Jesús fue condenado injustamente, asociaría para siempre su recuerdo con el de una persona que pretende descargarse de una responsabilidad. Pilato es un símbolo de la vileza y de la sumisión a los bajos intereses del que manda. Pues de eso nos habla esta obra, nada menos. Basada en el texto de Gustavo Lista, la joven Carolina Solari tuvo su auspicioso debut como directora.

Una historia de cuatro trabajadores de una enigmática empresa envasadora de aceitunas rellenas. A la vez, esa fábrica podría resultar como cualquier otra que hayamos conocido, por ciertos aspectos en su trama productiva y discursiva. Es injusto despedir a cualquiera de estos trabajadores. Son capaces, cumplidores, son parte de su historia, orgullosos de su pequeño gran trabajo. Al mismo tiempo, como suele suceder, hay algunas diferencias internas latentes e irresolutas, que afloran en los momentos propicios de máxima tensión. Entonces, en lugar de ser despedido, uno de ellos es ascendido y a él le toca por efecto transitivo, cumplir con la orden de despedir a un vulnerable compañero, personaje que construye con impecable composición el actor Santiago Vicchi, quien en otra escena se trasviste para graficar una imagen de la esposa del jefe de personal, hastiada después de dieciséis años de matrimonio. Lo abandona a pesar de los ruegos de él. Fuerte y tirano en la empresa, tan frágil y perdedor en el amor.

Es realmente desopilante por las características bizarras del episodio, el trance en que cantan a modo de hinchada futbolera, el himno a las aceitunas rellenas con morrones. Gran logro de la novel directora, como cada precisa marcación en la puesta.

Las relaciones van mutando en función de las antojadizas y perversas ordenes que los ponen a prueba, ahora el que debe ser despedido es otro operario, encarnado por el actor Gino Calcagno, de correcto desempeño. Entonces, ¿podrá uno expulsar a su compañero de trabajo y amigo de la infancia? ¿cómo se lo anuncia? Aunque parece importarle menos eso, que una vieja presunción que lo carcome: que su amigo, ahora devenido jefe, se haya acostado con su mujer. Y a partir de allí, otra escena memorable, cómo imagina la situación íntima que habrán tenido entre ellos. En un inesperado giro dramático, afloran verdades, celos, disputas y, no podía faltar, el crimen. Todos deben protegerse de todos, todos pueden ser víctimas y victimarios.

Roberto Romano encarna magníficamente al jefe de personal que debe anunciar el despido de uno de los tres obreros. Claro que la realidad, o el discurso que crea esa realidad, muta de un momento a otro, como broma cruel, como prueba de lealtad al jefe, como recurso para exprimir la dignidad del hombre al punto límite de su condición humana. Romano demuestra con gran oficio que, además de ser médico otorrinolaringólogo y elmarido de Luisa Kuliok, es un gran actor capaz de llevar las riendas de una obra preciosa. Es quien ostenta mayor ductilidad corporal y expresión oral. Sus matices y gestos se devoran la trama.

Lo mismo debe decirse de Santiago Caamaño, que no deja de crecer en su oficio y versatilidad. Se lo nota en cada nueva obra, más comprometido con el buen teatro independiente. Encarna a Pelayo, uno de los operarios en cuestión.

Siempre se dice como excusa ante el deber de cumplir con instrucciones desagradables (y perversamente placenteras a la vez por parte de quien las imparte) que las órdenes vienen de arriba. Una apropiada escenografía de Pupi Carmonapresenta como cabal recurso, una lámpara colgante a modo de personificación del temido y reverenciado jefe absoluto. Desde allí bajan, sus disposiciones caprichosas e irrazonables, que son cumplidas por su subordinado obsecuente (Romano como jefe de personal), que las condimenta a su gusto. Y así es como funciona, lo sabemos bien, la arbitrariedad del poder.

Obedecer o no, esa es la cuestión. Cumplir con la obediencia debida, sabiendo que lo que encaramos está mal pero nos salva el pellejo; o desobedecer y salvarnos de la culpa tortuosa, aliviados por haber tomado la decisión moral acertada. Ser cobarde y acomodaticio con un sistema perverso, que luego se nos vuelve en contra, o animarse a desafiar al autoritarismo. Lavarse las manos, como Pilatos, o con esas mismas manos construir una mejor realidad laboral, social y amorosa. Bifurcaciones éticas que abundan en nuestra historia.

La obra, con gran dinámica, cierto humor negro y mucha tensión, es realmente recomendable. Una puesta austera pero impecable, bien actuada, bien dirigida, reflexiva y divertida. Está terminando, no se la pierdan.-

Ficha técnica:

Actúan: Santiago Caamaño, Gino Calcagno, Roberto Romano y Santiago Vicchi – Vestuario y Escenografía: Pupi Carmona – Iluminación: Julieta Carrillo y Marco Pastorino – Música original: Gonzalo Pastrana – Dramaturgia: Gustavo Lista – Dirección: Carolina Solari

Viernes 23.15hs en PATIO DE ACTORES (Lerma 568, Cap. Fed.) - 4772-9732- Duración: 70 min.