Región:
Argentina
Categoría:
Personajes
Article type:
Opinión

Riverito: el señor de los números

"Riverito es la voz. El número uno de los juegos desde hace décadas. Hasta el momento no salió nunca alguien que lo superara” dice Héctor Ricardo García, el dueño Crónica TV

La puerta del baño está entreabierta. Es posible ver a Riverito maquillándose. Se mira al espejo mientras se cubre la cara con una base compacta que neutraliza el brillo ante la cámara. Levanta su legendario rulo, lo acaricia, lo peina, se asegura de que quede bien parado. Antes de salir se acomoda el nudo de la corbata y pasa sus manos por el traje verde. Se mira, parece sentirse seguro, sale. Faltan veinte minutos para que empiece su programa La danza de la fortuna.

Va por el pasillo, abre puertas, pasa por la redacción del canal, levanta las manos y saluda.

-Hooola muchachos, buenas tardes.

Tras apurar los últimos pasos llega al control. Ahí lo espera Rodolfo, el sonidista, que le abrocha el micrófono a la solapa derecha del saco. Comienza la prueba para que puedan ajustar el sonido. Riverito dice el trabalenguas de siempre: “Mi mamá me mima yo mimo a mi mamá, de queruza la merluza, Isolina la corvina”. Cuando termina va al estudio B, que está a oscuras. El asistente de piso sube las perillas y prende las luces. En el estudio están el asistente, el sonidista, el locutor y los camarógrafos. Saluda nuevamente con las manos en alto.

-Hooola muchachos.

Riverito parece un boxeador a punto de empezar la pelea. Está concentrado. El ring es un rincón del estudio de Crónica TV. Enfrenta dos cámaras.

-Quiero que me saquen alto y con pelo che -les dice a los camarógrafos.

Son las siete de la tarde y se escucha el sonido de la cortina musical. Riverito se tensa, adelanta levemente su pie derecho, extiende los dos pulgares y cuando se ve en uno de los dos monitores comienza el show.

- ¡Llegóoo la dannnza de la fortuuuna! ¡Afortunaaadas tarrrdes amigos!

Luis Roberto González Rivero, Riverito, es desde hace décadas la cara visible de un negocio que mueve millones. Sólo por dar un ejemplo, el miércoles 21 de mayo —el día en que sucede el primer encuentro— tres loterías sumadas reparten 138 millones de pesos: los seis aciertos del Quini pagan 74 millones, el Loto tiene un pozo de 53 millones para los que adivinen los seis números, y el Telekino acumula 11 millones. A cotización del paralelo, son 14 millones de dólares. Y eso sin contar las cifras diarias que se mueven con la Quiniela, el juego más popular, al que se puede entrar con apenas dos pesos.

Detrás de todas esas cifras, entonces, está Riverito: el hombre que desde hace veinte años canta los números en Crónica TV. “Riverito es la voz. El número uno de los juegos desde hace décadas. Hasta el momento no salió nunca alguien que lo superara” dice Héctor Ricardo García, el dueño del canal.

Riverito tiene 82 años. Nació en el barrio de Almagro el 13 de mayo de 1932, y es hijo de inmigrantes gallegos: su madre era ama de casa y su padre trabajó en el campo y llegó a tener un reparto de leche. La infancia transcurrió entre las necesidades económicas la falta de espacio. Hasta los diez años vivió en un inquilinato de la calle Guardia Vieja y Medrano que tenía un solo baño para quince piezas.

-Si alguien se bañaba tenía que hacerlo a la madrugada, de lo contrario la gente que hacía la fila le tiraba la puerta abajo. Literalmente. Entonces mi vieja compró una tina, un balde grande. Me paraba desnudito en el balde y me lavaba las partes: las axilas, los huevitos y los pies. Recién pude ducharme a los ocho años.

Entre tanto, y como podía, Riverito se las iba ingeniando para leer e instruirse. En esa época era muy común que los chicos dejaran de ir a la escuela cuando en la casa faltaba el dinero. Así que él aprovechaba al máximo la posibilidad de seguir estudiando. Tiene anécdotas. En segundo grado, la maestra les pidió a los alumnos que llevaran plata para la cooperadora. Pero cuando le contó a su madre ella le respondió:

-Mañana, cuando le pida la plata, usted tiene que decirle “señorita, yo soy pobre”.

Su madre, doña Concepción, nacida en Lugo, era una persona muy dura con los gastos.

–Como todos los gallegos, ¿vio?

Ella planificaba la comida: los lunes mondongo, los martes polenta. Los sábados comían puchero. Y el postre eran las torrejas, unos pedazos de pan con huevo frito, con un poquito de azúcar. Un menú bastante usual entre las clases bajas en tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

—Mi vieja era muy practicante, muy religiosa y a la vuelta de mi casa estaba la iglesia Betania. Me mandó de monaguillo. Era 1939 y los sacerdotes eran alemanes nazis. Hacían una defensa de Hitler, no obstante los curas eran muy solidarios y generosos con la gente del barrio que era, como nosotros, muy humilde. Todos creían que mi vieja me mandaba por lo gran practicante que era, pero con el correr del tiempo me di cuenta que me mandaba porque garroneaba el desayuno. Me daban medialunas, bolas de fraile y café con leche.

A los quince años Riverito buscó su primer trabajo. De día cursaba el colegio secundario en el Florentino Ameghino, y por la noche se ganaba el dinero como presentador de orquestas. Hasta que en 1947 lo tomaron como cadete en una agencia de espectáculos y tuvo su primera oportunidad: representar a la orquesta de Ebe Bedrune, conocida como “la mujer tango”. Riverito tenía que conseguirle actuaciones:

-Pibe, la agencia solo se ocupa de representarme en la radio y los bailes. ¿Usted no se anima a representarme y vender el espectáculo en los cabarets o confiterías? –le dijo.

-Sí, sí –se entusiasmó Riverito-. Dígame cuánto cuesta la orquesta, como está integrada, para que cuando la venda no vaya a meter la pata, ¿vio?

-Anote: Cuatro bandoneones, tres violines, contrabajo, piano. Cantor: Rogelio Aguirre, animador: Carlos Nilson. Costo 1650 pesos por mes. Usted se queda con el diez por ciento del contrato.

Riverito salió a vender el espectáculo de Bedrune. Fue hasta la confitería Richmond de Constitución, un café grande donde además de los espectáculos se jugaba por dinero.

Lo atendió el dueño, un gallego de pocas palabras.

-Oye, qué buscas.

-Mire, soy el representante de la señora Ebe Bedrune.

-Qué quieres.

-Ver si le interesa que ella actúe acá.

-Cuánto cuesta.

-1650 pesos. Tiene cuatro bandoneones, tres contra...

-Está bien, dile a la señora que venga para charlar.

La contrataron y con el primer sueldo de 165 pesos Riverito se compró tres trajes.

Hoy en su guardarropa tiene treinta y cuatro trajes, diecisiete de verano y diecisiete de invierno, cincuenta camisas y veinticinco corbatas.

-Hace diez años que no me compro ropa, ¿para qué? Si peso lo mismo y crecer no voy a crecer, ¿no?- dice mientras guiña un ojo.

Riverito se casó en 1961 y su luna de miel fue en Santos, Brasil. Estaba caminando junto a su esposa y le llamó la atención un grupo de personas que se juntaba a escuchar la radio en la calle, preguntó de qué se trataba y le dijeron que escuchaban el "jogo do bicho", la transmisión de los números de la quiniela clandestina, a la que aludían con la palabra “bicho” porque se asociaba los números a los animales, bichos o insectos (el 64 era la mariposa, el 45 la hormiga, etcétera). En ese momento habló del tema con su mujer, Elda Moreno, quien era locutora y quería hacer lo mismo pero con la lotería oficial. Coincidieron en que había que avanzar con el proyecto. Ni bien bajó del barco Riverito fue a ver al director de la radio donde trabajaba y le propuso hacer La danza de la fortuna. El director aceptó. En un principio fueron cinco minutos, pero el envío tenía tal popularidad que llegó a transformarse en un programa de cinco horas. Para 1958, Luis Roberto González Rivero ya era Riverito. Juan Carlos Chiappe, un hombre al que Riverito presentaba en los radioteatros, le puso el nombre artístico.

*

-Voy a tener que hacer algo -le dijo Riverito a su mujer. Eran los primeros años de la década del ochenta y decir los números de las quinielas se estaba tornando muy aburrido para todos, también para él. Entonces se le ocurrió que podía hacer una entonación diferente a la hora de pasar los resultados por la radio. Recordó cómo los capitalistas del juego (un eufemismo para señalar a los que apostaban clandestinamente) por teléfono distorsionaban la voz al cantar los números tres y cuatro. Lo hacían porque tenían la creencia de que la policía los grababa y si utilizaban el tono normal de su voz por ahí los podían detectar y meterlos presos, por ejemplo decían “trreeeeeees”, “cuatrrro”, simulaban ser gangosos.

-Entonces les puse música a los números, y así nació el “ooocho”. Ojo que también tengo el ¿seis? lo digo así medio dudoso y el sieeete. Pero el ooocho es el más famoso.

Lo dice como si estuviera frente a las cámaras. La manera de hablar y de expresarse de Riverito no cambia, es igual cuando habla en su oficina, cuando conversa en un pasillo del canal o cuando está en la danza de la fortuna.

El cambio de la entonación fue el renacer de su carrera .Desde entonces, cualquiera que diga “ocho” estirando la letra “o” del comienzo está aludiendo a Riverito.

En la numerología el ocho es signo del poder, de habilidad ejecutiva y de gestión. Simboliza la autosuficiencia, el éxito material y la firmeza de planteamientos.

La fama de Riverito llegó hasta Japón: en 1994 fue con su mujer y su hijo, y en el aeropuerto de Tokio lo recibió un guía japonés que había vivido varios años en Argentina, y que le dijo que en Japón el ocho era el número de la buena suerte y que en la isla se había llegado a pagar 300 mil dólares para tener el número de teléfono con todos los ochos. Riverito escuchó la cifra y se sintió un adelantado: años antes, con la privatización de los teléfonos, le había comprado a Telecom por treinta dólares dos líneas que terminaban con cuádruple ocho. Desde entonces las usa en su oficina.

En el décimo piso de un edificio de la avenida Coronel Díaz, frente al shopping Alto Palermo, están las oficinas de Riverito. Es un semipiso que compró a fines de 1983, allí trabaja todos los días, en una habitación pequeña tiene montado el estudio de radio, desde allí trasmite para radio Belgrano los sorteos de las loterías. Trabaja junto a su mujer y tiene tres empleadas, una de ellas es su cuñada, ellas se encargan de la parte comercial y administrativa de su carrera.

En las paredes de su lugar de trabajo hay varias fotos, en su despacho una que lo muestra recibiendo de manos del ex presidente Carlos Menem el premio de la sociedad argentina de locutores. En un pasillo tiene un cuadro con un recorte de un diario de Nueva York, es del año 1971 y se lo anuncia como presentador de la orquesta de Aníbal Troilo en el festival argentino de la música en Estados Unidos, en esa pared se ven varios cuadros de mediados de los ochenta, donde Riverito está con su amigo Minguito junto a Diego Maradona y en otro con los integrantes del programa “El chavo del ocho”. Al doblar el pasillo camino a su despacho tiene otras imágenes, en una se lo ve sonriente participando de los almuerzos de Mirtha Legrand junto a Roberto Galán. En la sala más amplia tiene una caricatura original del artista Hermenegildo Sabat, en ella lo muestra a Riverito con un bolillero de lotería y al ex presidente Menem, atado al sillón de Rivadavia esperando el resultado del sorteo. La lámina que está firmada y dedicada es la original que salió publicada en Clarín en el año 1998.

*

Ocurrió en 1976. Eran los primeros días de la dictadura militar y Riverito conducía su programa en la mañana de Radio Mitre y compartía el micrófono con su mejor amigo, Juan Carlos Altavista, que hacia su personaje de "Minguito": un porteño semianalfabeto al que había que corregirle la manera de hablar todo el tiempo. La junta militar había designado a un interventor para la radio, el Capitán de fragata Hugo Adamoli. En los primeros días de su gestión el marino iba todos los días al control del aire y a través del vidrio miraba el programa, escuchaba y controlaba todo. Altavista estaba fastidiado, no se sentía cómodo, así no podía trabajar. Hasta que Adamoli un día lo llamó a Riverito:

-Mire, usted como conductor del programa tiene hasta fin de mes para educar a este personaje, al señor Minguito. Edúquelo, yo no quiero oírlo hablar así.

-Sabe qué pasa, Capitán, es un personaje que hace, ahí está la gracia, él habla así a propósito para que yo de manera didáctica lo corrija.

-No sé, usted lo tiene que corregir porque sino a fin de mes el programa termina.

Riverito se negó a corregirlo. A fin de mes terminaron y se fueron a Colonia, Uruguay, al exilio artístico. Riverito consiguió un espacio allí para su programa La danza de la fortuna y le ofreció a Altavista un lugar para trabajar. Viajaba todos los días en barco, llevaba de contrabando las grabaciones de Minguito.

—Él la pasó muy mal durante los seis años que duró la prohibición. El Estado tendría que haberlo indemnizado. Llegó a vender lanchas para salvarse. Lo más cómico es que Juan no era, como creían los militares, un peronista. Nada que ver: el tenía una vida de cajetilla, de dandy. Usaba un BMW y su deporte preferido era el arco y flecha -dice Riverito mientras gira a la izquierda y mira un cuadro que tiene colgado en su oficina. Ahí se lo ve a Minguito en un afiche promocional de radio El Mundo. Los amigos, desde entonces, se prometieron veranear todos los años en Uruguay. Desde hace tres décadas que Riverito alquila en Punta del Este, a pesar de que su amigo falleció en 1989 no cambio jamás de hábito. Igualmente su lugar en el mundo es Benidorm una villa veraniega de Alicante en España, similar al Mar del Plata de Argentina.

-Hemos ido una docena de veces. Somos muy viajeros pero ese lugar es hermoso, muy cálido, queda en el Mediterráneo, los hoteles tienen buena comida española. La última vez que estuve fue en el 2011 para festejar los cincuenta años de casados.

De acuerdo con la edad jubilatoria, Riverito debería haberse retirado hace diecisiete años. Pero él no quiere retirarse.

—El cardiólogo me dijo que si dejo de laburar me muero a los seis meses –dice.

En el tercer encuentro que tuvimos en su oficina, casi al terminar la charla de unos cuarenta minutos, contaba con cierta melancolía como su idea de hacer la danza de la fortuna fue creciendo a través del tiempo, empezó como un resumen de 5 minutos hasta convertirse en un programa diario de varias horas a fines de los años sesenta. Hasta que en un momento baja el tono de su voz y dice:

- Le confieso que también tengo una cuota de frustración porque quedé encasillado, me quedé como el personaje que solo dice los números. En realidad yo pensé que esto de decir los números era un trabajito más, pero me empezó a ir bien y los ingresos fueron buenos. En fin

- ¿Que le gustaría hacer?

- un programa de radio de servicios, no sé, de cuatro o cinco horas. Con música, móviles, yo como conductor del programa y por supuesto algo de la danza.

- ¿Y por qué no lo hace?

- nooo (titubea por primera vez)… ya es tarde, más ahora. Desde allí hasta aquí.- con sus manos dibuja una línea de tiempo imaginaria- Ya está.

Se hace un silencio, los dos miramos el reloj y pregunta si me acompaña hasta la puerta.

Riverito vive de su voz. La ha cuidado mucho. No fuma y dice que jamás vivió una vida de excesos

Su pasión es el trabajo. Aún hoy, cuando se acerca un número que termina en “ocho” él parece disfrutar el momento.

—Tresmilseiscientostreintayooooocho -grita y sonríe, y guiña un ojo, y tira una pequeña patada al aire.

Está por terminar la danza de la fortuna, nos mira a todos, levanta sus manos y a modo de despedida nos pide que lo acompañemos en el grito: “¡Mientras tanntooo! a cruzar los dedos”.

Baja los brazos, se apagan las luces, se quita el micrófono y saluda con la mano derecha en alto.

-Hasta mañana muchachos.