Región:
Argentina
Categoría:
Gastronomía
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Informados

Carmelo Patti: protagonista del sueño del vino propio

Región:
Argentina
Categoría:
Gastronomía
Article type:
Informados
Autor/es:
Por Stefanía Vuono
Fecha de publicación:
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“No tengo competencia, nunca me interesó. Yo me fijo en lo que hago yo, el resto que haga lo que quiera. El éxito es la continuidad.”

El reloj marca casi las 11 de la mañana, nos encontramos en plena ruta mendocina, buscando la casa de un enólogo, que según nos contaron, atiende personalmente, muestra y cuenta todo sobre sus vinos. A pesar del frío, el sol nos acompaña funcionando de estufa natural dentro del auto rentado, compañero de este maravilloso viaje.

Los únicos datos que tenemos hasta el momento son la dirección, San Martín 2614, Mayor Drummond, Lujan de Cuyo, y que la fachada de su casa no tiene cartel, sino que hay que estar bien atentos, porque cuando veamos una casa pintada de celeste, con barricas cortadas a la mitad, que funcionan como macetas, allí debemos parar, porque esa es la casa de Carmelo Patti.

Sin saber cómo, reconocimos esta famosa casa. Al principio pensamos que no era ahí, pero muy tímidamente nos acercamos y preguntamos lo que es casi una obviedad - ¿Hola, esta es la casa de Carmelo? -. Y con una gran sonrisa, un señor con canas de experiencia nos respondió “¡Sí chicos, pasen!”.

Así comenzó esta charla de casi hora y media, con una de las personas más interesantes, y a la vez sencilla que conocí en mi vida. Lleno de anécdotas, no dejó de contarnos ninguna, siempre enfocándonos en el actor principal, por quien todos estábamos allí, y por quien seguirá llegando gente a su casa a lo largo de estas horas, el vino.

“Yo recibo gente de todo el mundo aquí desde el 2003, se un poquitito de inglés, pero el vino tiene un solo idioma”.

Carmelo Patti es enólogo, trabajó muchos años para bodegas importantes, hasta que un día en el año 1989 decidió dejar todo para emprender su sueño de realizar su propio vino. Vendió su auto y tuvo la suerte que muchos confiaron en él, dándole el apoyo que necesitaba para comenzar un proyecto que hoy es un éxito. “Empecé con 7000 botellas con mucho esfuerzo. He tenido la suerte que cuando uno enfoca algo con criterio, las cosas salen; la tarjeta de crédito tengo que ser yo, que la gente confié. Y por suerte mucha gente me ayudó y confió en mí.”

Detrás de su casa hay un galpón enorme, ahí nos recibió ya que allí se encuentra su producción. En este hace mucho frío, temperatura ideal para la conservación de los vinos, y lleno de cajas con botellas estacionadas esperando a estar óptimos para vender. Es un paisaje de cajas amontonadas, cada una con una fecha, acompañado de un perfume a vino bastante fuerte, muy característico de las bodegas.

Nos habían contado que todo el mundo quiere, y si está en Mendoza, debe ir a conocer a Carmelo ya que es una experiencia totalmente distinta al de visitar bodegas imponentes, él cuenta, con tanto cariño lo que hace, transmite los valores de hacer y beber un buen vino, que de no haber estado allí no lo creería. Su casa, su galpón, no pueden compararse a las ostentosas bodegas industriales, pero su sabiduría y pasión por lo que hace bastan. Como diría él “van a ver aquí un estilo diferente a todas las bodegas”. A tan solo diez minutos de charla su celular comienza a sonar. Nos pide disculpas y atiende. A los pocos minutos continúa con sus anécdotas.

“Yo no digo prueben mi cabernet que es mejor, yo digo prueben y después hablamos. Yo he hecho una parte que no ha hecho otra gente, mi empresa y me funciona. Tengo vinos del 2005, me quedan pocos ya. Por supuesto que sí lo quiero hacer más grande, más comercial, no sirve, porque esto tiene un costo altísimo.”

Patti se encarga personalmente del seguimiento en cuanto a la evolución de sus vinos, nunca envasan después de dos inviernos, y quienes tengan el agrado de probar algunas de sus creaciones, van a poder apreciar que el color de los mismos se van transformando a uno más “teja” por el paso del tiempo. Dentro de las botellas, una vez envasados, los deja 4 años a los Cabernet Sauvignon y Blend, y 2 años a los Malbec, de ésta manera queda un vino más elegante, más suave.

Casi otros diez minutos de charla y nuevamente suena su celular. Al rato nos vuelve a pedir disculpas y nos dice “hoy me dejaron solo”. Me gustaría aclarar que solo tiene un empleado a su cargo.

“El hecho de no tener cartel, es porque cada vez que regresaba de charlas, de giras me doy cuenta que la gente no tiene cultura de guardar, pero le gusta el vino estacionado, por eso dije mejor que no venga nadie hasta que no vaya haciendo la cadena. Y así y todo van a ver la cantidad de gente que viene.”

Y tenía razón, a pesar de no tener cartel con el nombre de su bodega, nuevos visitantes llegan desterrándonos del honor de ser los únicos de la mañana. Esta vez fueron 5 brasileños, luego se sumaron 7 santafecinos, y 5 personas más. En fin, parecía un cumpleaños, todos alrededor de Carmelo, sonriendo y preguntándole todo acerca de sus vinos.

Entre tanta gente, alguien le pregunta por la competencia, - “Carmelo, qué piensa de la competencia”- y con gran sabiduría responde: “No tengo competencia, nunca me interesó. Yo me fijo en lo que hago yo, el resto que haga lo que quiera. El éxito es la continuidad.”

Respecto de las marcas y del prestigio que una botella cobra al valer tan cara responde “No discuto sobre otras marcas pero a veces escucho periodistas que dicen si no vale 500 pesos no lo compro, ¡pero por favor no es tan así! Para mí no existe la marca, existe lo que me gusta”.

La selección de las uvas la realizan en la finca. Actualmente tienen 5 variedades plantadas, Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot, Cabernet Franc, y unas pocas con las que realizan el Blend. La finca es de un amigo de Patti que cuenta con 12 hectáreas, de las cuales siete y media son de Carmelo y el resto trabaja para otra gente.

El 75 por ciento de su producción está destinado al mercado interno y el 25 restante lo exporta. Llegó a países como China, Francia, Estados Unidos, Brasil, Australia gracias al boca a boca de la gente, “yo nunca vendo vino, es el boca a boca, me pasó, sin saberlo el importador de EE.UU. con el que trabajo presentó en alguna degustación mi Cabernet Sauvignon 2005, y Parker le ha puesto 94 puntos. Eso ha significado que yo le vendiera 800 cajas. A mí no me interesan los puntajes, me interesa que lo que este acá este bien hecho, lo demás viene solo.”

Cada una de las botellas se etiqueta personalmente, una por una, en ésta se aclara la partida limitada, la cantidad de botellas que se envasaron, el día de cosecha y el día que se pone en botella. “Eso no lo van a ver en ningún vino en el mundo. Podemos ver una etiqueta con número de botella, yo no sé si eso está bien o mal, pero he visto muchos casos donde nunca se terminan las botellas. Esta llega un momento donde se termina. Se sabe que es limitado.”

Con diplomas colgados en la pared, (diploma del año 1994 medalla de oro, en competencia de vinos), nos recibe en su casa, donde pasamos a hacer la degustación. Allí nos inundó de anécdotas súper graciosas, siempre teniendo como protagonistas al suave Malbec o al imponente Cabernet. Nos llenó de información interesante para compartir como por ejemplo cómo conservar el vino, “lo importante es mirar el corcho” diría Carmelo.

Cuando vamos a comprar un vino para guardar, lo que debemos hacer es preguntar a quien nos lo vende si es un vino de guarda, porque no todos lo son. Debemos retirarle la “capsula” (plástico que envuelve el corcho), y fijarnos que el mismo no esté manchado, si esto es así, significa que está bien tapado y que no correrá riesgo de ingreso de oxígeno. Ésta es la forma que tenemos como consumidores de defendernos, si no está bueno lo cambiamos, para eso hemos pagado. Se chequea una vez por año, si está perfecto podemos seguir guardándolo. Ahora cuando el corcho esta todo manchado, o tiene líneas verticales, no lo podemos guardamos más. “Muchos dicen hay q girar la botella, pero que giro ni giro, si lo más importante es el corcho para que giro la botella.”

Con club de fans incluido, nos muestra una remera que le hicieron con su cara, se puede apreciar que es un hombre muy querido. Feliz de tener la casa llena de gente, se siente en el aire la alegría de todos poder haber estado en esta maravillosa bodega casera. Como último consejo nos dice que si queremos conservar un buen vino debemos buscar un lugar bien oscuro, dejar un poquito inclinada la botella y controlar, como él ya nos enseñó, el corcho.

Con sabias palabras la gente se empieza a retirar, todos con botella en mano para que nuestras familias conozcan al famoso Cabernet Sauvignon de Carmelo Patti, agitando su mano, y con una gran sonrisa nos despide como si fuese un familiar, al grito de nos vemos pronto. Y dejando flotando en el aire una de sus tantas frases que dan vida a nuestra bebida nacional:

“El vino es vivo, y si no lo sabemos cuidar, muere”. Carmelo Patti.