Región:
Argentina
Categoría:
Espectáculos

Crítica teatral: "En la Huerta"

Región:
Argentina
Categoría:
Espectáculos
Autor/es:
Por Gustavo Chapur
Fecha de publicación:
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La historia pone de relieve la oposición cultural ciudad-campo. La información y la erudición cosechada en la vida urbana, se muestra inútil y rendida frente a la sabiduría práctica y concreta que requiere la vida rural

El germen de la obra es uno de los tantos libros del escritor y activista inglés John Seymour: Guía práctica ilustrada para el horticultor autosuficiente. Una literatura emblemática de la contracultura de los años 70, proponiendo una filosofía de vida y trabajo condensada como un manual para hacer una huerta orgánica (sin fertilizantes artificiales ni pesticidas), reflexiones acompañadas por soberbias ilustraciones. Ese objeto inspiró la mayor parte de los diálogos (breves) y temas que se advierten en esta puesta: la relación del hombre con la naturaleza, la rivalidad entre intuición y racionalidad, el sentido común frente a los preceptos.

Un idealista joven porteño pasa una temporada en una estancia familiar esquivando su responsabilidad en un episodio tormentoso que deberá enfrentar en algún momento en tribunales. Lo entusiasma empezar una nueva vida en el medio de la nada. Solo mantiene contacto con un peón del campo, a quien encarga el cultivo y cuidado de ese vergel para auto abastecerse de alimentos naturales y puros. Todo a partir de la lectura apasionada de aquel manual que no es una enciclopedia botánica más, sino todo un manifiesto filosófico que apuesta a la autosuficiencia. Aquel contacto transitará varios estadios: comunicación débil o alterada, roce, fricción, intimidad. Se respetan y se necesitan, se aprecian y se desprecian, se violentan y se completan.

La historia pone de relieve la oposición cultural ciudad-campo. La información y la erudición cosechada en la vida urbana, se muestra inútil y rendida frente a la sabiduría práctica y concreta que requiere la vida rural. Uno elucubra con libro en mano, el otro resuelve con pala en tierra. El refinamiento de uno encuentra freno en el ímpetu salvaje del otro. Uno es rústico, ingenuo, sano, realista. El otro, intelectual, adicto, aburguesado, idealista, victimario. Los une la tierra que pisan, fértil e inútil según los caprichos de la naturaleza y del porteño. Los productos de esa finca, metáfora de los valores que ambos pueden cimentar, o que los puede irremediablemente distanciar.A su vez, esa tierra que siembran también fecundará un fruto prohibido. Lo inmoral para uno, es concepto antiguo para el otro.

En los diálogos colisionan (con humor y virulencia)un discurso librepensador y ateo, a partir de necesidades básicas bien satisfechas, con otro reaccionario por ignorancia, a partir de un destino agujerado de carencias. El tedio abruma tanto al porteño que lo hace creerse fascinante, practica la arrogancia y el arte del desdén hacia su empleado, un estereotipo del explotado que ostenta paradójicamente un carácter fascistoide y discriminador. El desprecio moral que exhala el joven patrón hacia su subordinado le será devuelto en términos de violencia física, terreno donde entra en juego la sensualidad de la dominación inversa. La autoridad del amo cede ante el erotismo que desata el sometimiento ejercido transitoriamente por el antes subyugado. En esos trazos, no hay clima de opresión, lo que impera es la supremacía del cuerpo y el afecto, frente a la razón y el contrato, para retornar a la contienda entre el instinto y la reflexión.

Y dos aditamentos: el trillado deseo del cambio radical de vida, el reencuentro con la naturaleza, la utopía de sostener en el presente una vida sana y bohemia amparada en una matriz del pasado. Y el morbo que genera la atracción in crescendo entre dos solitarios heterosexuales.

La historia, como vemos, ha sido transitada de manera recurrente en la ficción. La más icónica del cine de los últimos tiempos remite inevitablemente a “Brokeback Mountain”. Así,“En la huerta” tranquilamente podría ser bautizada “Brokeback vegetable garden”. Por lo tanto, parece ser uno de esos temas sobre los cuales ya está todo dicho y hecho. Pero justamente, eso es lo menos importante a la hora de medir la gran labor de la dramaturga y directora Mariana Chaud: como una narradora infrasciente (como si supiera menos que los personajes), en una operación delicada y sensible, hace progresar la acción a partir de la construcción interna de los personajes. La narrativa se va moldeando en función de los sentimientos oscilantes, emociones dispares y arrebatos fogosos de los protagonistas. Importa menos lo que se dice que la fenomenología interna de los intérpretes. Devienen imágenes en una marea de sensaciones. Son más importantes las cualidades de ellos y las propiedades del mundo interior que intuimos, que las acciones que percibimos de esta historia mínima pero conmovedora.

Claro que eso lo logra apoyada en dos buenos actores, William Prociuk y Ezequiel Díaz. Ellos consiguen con exquisitez que el público pueda sentir la experiencia interior que fluye detrás de la representación externa, pero que a la vez no pueda entrar totalmente en él al momento de la decodificación. Comunicar es compartir contenidos de conciencia, característica diferenciadora del hombre frente al resto de animales. Aquí la comunicación entre ambos circula menos por las palabras (casi no logran entenderse en ese campo), que por el pensamiento, el deseo, la emoción. Allí es donde se cuenta esta historia. Y además, esa curiosidad de extraer una obra teatral de un manual setentista para hacer una huerta. Es decir, la osadía de construir teatralidad a partir de un material no teatral. Y eso no es poca cosa.

Chaudestá acompañada por un gran equipo creativo: Carolina Sosa Loyola a cargo del vestuario; Alicia Leloutre, escenografía; Pablo Bronzini, música. Y muy relevante el diseño de luces de Matías Sendón. Está claramente definida la luz funcional,orientando la acción de los intérpretes, de la ambiental, que da una significación a los espacios.

EN LA HUERTA. Viernes 23hs en El Portón de Sánchez (Sánchez de Bustamante 1034, tel. 4863-2848).

Producción: Fernando Madedo. // Nuestra calificación: 8 puntos.